lunes, 9 de abril de 2012

Guía de aprendizaje nº2: “Despotismo Ilustrado”


Introducción: siglo XVIII

Fue un siglo especial con realidades contradictorias. En Europa fue el siglo del Antiguo Régimen, y a la vez el siglo de las nuevas ideas, de los Derechos naturales del los hombres.

Se inicia la Edad Contemporánea, a partir de la Revolución Francesa en 1789. Se le ha llamado el siglo de la Ilustración. El siglo de los filósofos. En Francia: Montesquieu, Voltaire, Rousseau. Ellos platearon los Derechos del hombre: libertad, igualdad, soberanía, separación de los Poderes del Estado. Estas ideas se resumieron en “La Enciclopedia”, publicada bajo la dirección de Diderot y D’Alambert. Fue el siglo del Despotismo Ilustrado (los monarcas Carlos III de España, José II de Austria, Federico II de Prusia, Catalina II de Rusia lo hicieron realidad en sus reinados).

El siglo XVIII vivió varias Revoluciones: la revolución ideológica antes enunciada. La primera Revolución Industrial que se inició en Inglaterra, con el empleo del carbón y el hierro. Una revolución Demográfica, que significó en Europa un aumento significativo de la población. Una Revolución Agraria, con un aumento de la agricultura, especialmente el cultivo de la papa y centeno. Revoluciones políticas: La Revolución Americana y la Francesa (a inicios del siglo XIX comenzará La Revolución de independencia iberoamericana).

El Antiguo Régimen significó tratar de mantener la monarquía absoluta, de origen divino; el estado estamental, con clases privilegiadas (clero y nobleza) y una clase no privilegiada, (el Estado Llano: burguesía, proletariado, campesino). Una economía centrada en el Estado, con aduanas interiores, sin libertad de trabajo, ni económica.

En el siglo XVIII hubo un significativo desarrollo económico. Ello hizo surgir dos doctrinas y escuelas económicas: el Fisiocratismo y el Liberalismo.

El Racionalismo del siglo XVIII generó dos consecuencias:
a) Un debilitamiento del sentimiento religioso que llevó a posiciones antirreligiosas y arreligiosas. Surgió una religión basada en la razón: el Deísmo.
b) Un desarrollo de las ciencias exactas fundamentadas en la observación y experimentación.



El Despotismo Ilustrado

El Despotismo Ilustrado constituyó una forma de gobierno que trataba de conciliar el absolutismo con las nuevas ideas de la Ilustración, intentando para ello conjugar los intereses de la monarquía con el bienestar de los gobernados. Se desarrolló durante la segunda mitad del siglo XVIII.

El término tiene su origen en la palabra italiana "Déspota", es decir, soberano que gobierna sin sujeción a ley alguna.

Las ideas de la Ilustración habían atacado las bases del Antiguo Régimen: el Absolutismo Monárquico, autoritarismo religioso y privilegios de clase. El aspecto optimista de la Ilustración, al considerar la razón como medio para conseguir la felicidad de los pueblos, tuvo muchos adeptos entre los hombres de Estado, e incluso los reyes, que elegían sus ministros entre políticos ilustrados, dando origen al sistema de gobierno que se llamó Despotismo Ilustrado.

Reconociendo como positivas muchas de las ideas que expresaban los pensadores ilustrados en sus obras. Apoyaban el progreso industrial, el comercio entre las naciones, las nuevas concepciones científicas sobre el universo y el cultivo de la investigación sobre la naturaleza y la filosofía. Al mismo tiempo, utilizaron algunos de los conceptos ilustrados –como la administración racional o la oposición al poder de las Iglesias- en beneficio de un gobierno más centralizado y con mayores atribuciones sobre la población. A estos reyes que intentaron conciliar la política absolutista con la filosofía de la Ilustración, se les llamó déspotas ilustrados.

El Despotismo Ilustrado buscaba el bienestar del pueblo, sin modificar las estructuras de poder. Por ello, adoptaron una serie de reformas que tenían como objetivo fortalecer el poder del Rey y mejorar la situación económica y social del reino, fomentando la industria, el comercio y la educación, como medios de alcanzar el progreso. Reorganizando el sistema tributario, intentando distribuir de manera más equitativa los impuestos y mejoraron la selección de los funcionarios de gobierno para hacer más eficiente la administración. Los déspotas ilustrados se rodearon de pensadores y artistas, y patrocinaron las artes como forma de estimular la cultura y exaltar su poder. Las principales cortes de Europa se convirtieron en focos de desarrollo cultural. Los gobernantes más representativos de esta tendencia fueron Federico II de Prusia (1712 – 1786), Catalina II de Rusia (1729 – 1796) y Carlos III de España (1716 – 1788).

Independiente de sus pretensiones reformistas, el Despotismo Ilustrado no implicó diferencias sustanciales con las monarquías absolutas, salvo dotar al monarca de un aura de mayor preocupación por los problemas de la nación. Ante la situación social europea, marcada por una profunda desigualdad, y las crisis severas que enfrentaban sus economías, el despotismo Ilustrado puede considerarse como el intento de los monarcas por defender su poder, estableciendo modificaciones que beneficiaran a la población y calmaran las críticas de los grupos descontentos, pero sin ceder en los asuntos que pudieran cuestionar su poder y autoridad.

El Parlamentarismo Inglés

Gran Bretaña fue prácticamente el único país europeo donde el Absolutismo Monárquico no llegó a implantarse, a causa de las revoluciones de 1640 y 1688, y de la influencia del Parlamento.

A lo largo del siglo XVIII fue adquiriendo forma el sistema del Parlamentarismo inglés, en el cual el rey estaba en realidad bajo la tutela del Parlamento, el parlamentarismo era considerado por los filósofos y escritores políticos de la época como digno de ser imitado, por su equilibrio de poderes.

La sociedad del Antiguo Régimen

1.- Los estamentos sociales:
Bajo la denominación de Antiguo Régimen se engloba al modo en que se organizaba la sociedad de los Estados monárquicos de la Época Moderna. La sociedad del Antiguo Régimen tiene diferencias importantes con la nuestra. Lo mismo que en la Edad Media, se trata de una sociedad estamental, en la o que los derechos no eran individuales, sino que se establecían por fueros o privilegios pactados con el monarca por un estamento, gremio, ciudad o territorio. Quien no pertenecía al grupo que obtenía el fuero, no gozaba del beneficio; los derechos por tanto, no eran universales, pues no se consideraba, como hoy, que todas las personas fueran iguales.

En la sociedad del Antiguo Régimen coexistían tres estamentos: el clero, la nobleza y el Tercer Estado o Estado Llano. La nobleza y el clero eran los estamentos privilegiados, tenían una serie de ventajas como no pagar impuestos, regirse por leyes propias y tener preferencia en diferentes actividades, por ejemplo, en la asistencia a espectáculos públicos. Este sistema de privilegios se traducía en una estructura social muy jerarquizada, marcada por profundas diferencias en las condiciones de vida de los sujetos. Ahora bien, estas diferencias podían establecer tanto entre un estamento y otro, como al interior de cada uno de ellos. Así por ejemplo, un comerciante adinerado pertenecía al Tercer Estado, lo mismo que un campesino empobrecido. Podían existir nobles y clérigos tan pobres como un campesino, pero a pesar de ello, tenían más privilegios que este o que un rico burgués.

2.- Los estamentos privilegiados:
Los estamentos privilegiados estaban encabezados por las familias reales de cada territorio y sus respectivas noblezas, además de los miembros del clero. La nobleza vivía de las rentas y tributos que obtenían de la tenencia de gran cantidad de tierras, pues no desempeñaban oficios productivos. La crisis económica del siglo XVII afectó a quienes vivían de estos ingresos, por lo que la nobleza empezó a sufrir severos problemas económicos. Sin embargo, los nobles más cercanos a la Corte mantuvieron una riqueza considerable, sumada a una gran influencia política. Los estamentos nobles experimentaron cambios en su composición, pues a la nobleza de sangre se sumaron personas que adquirían el status nobiliario a cambio de dinero, las monarquías vieron en la venta de títulos una interesante fuente de dinero, especialmente cuando sus despilfarros en el lujo cortesano y en las guerras los hicieron estar ansiosos por conseguir más dinero. Los burgueses más adinerados vieron en este mecanismo una forma de obtener el prestigio social asociado a la posesión del título y hasta de un escudo de armas, consiguiendo con ello status y privilegios.

3.- El Tercer Estado:
La mayor parte de la sociedad pertenecía al Tercer Estado. Lo componían una minoría de banqueros, comerciantes, propietarios de talleres manufactureros, todos bastante adinerados, y una mayoría de trabajadores y campesinos que no tenían ni riqueza ni propiedades. Junto a ellos, subsistía una masa de pobres, mendigos y vagabundos que se concentraban de preferencia en las ciudades. Estas últimas evidenciaban una aguda diferenciación entre quienes tenían más dinero, y pasaron a denominarse propiamente como burguesía, y aquellos más pobres que malvivían de su salario o en casos extremos, de la caridad ajena, y que se distinguían de los burgueses por sus falta de recursos.

La burguesía constituía un sector en ascenso. En sus capas más prósperas estaban los acaudalados comerciantes y financistas, los grandes maestros artesanos, los incipientes industriales y un número creciente de abogados y profesionales. Sus miembros más capacitados formaban parte de los cuadros técnicos y administrativos del Estado. Su cultura, sus gustos y muchos aspectos de su modo de vida eran adoptados incluso por los nobles. Durante el siglo XVIII, la burguesía se consolidó como el sector social más influyente en lo económico, cultural y social, aunque su influencia chocaba con las estructuras políticas que le impedían una mayor participación en el Estado. El hecho de que el Tercer Estado cargara con los impuestos que mantenían a la monarquía y a los estamentos no contribuyentes, generó el malestar de este sector.

Los campesinos constituían el grupo más numeroso y con su trabajo sostenían buena parte de la economía de sus países, además de los lujos y comodidades de los grupos privilegiados. Una minoría de campesinos poseía tierras, pero el resto debía trabajar para otros y, por lo general, sus condiciones de vida eran malas. Estos hombres sufrieron de un empobrecimiento constante hacia mediados del siglo XVIII. La población creció en este siglo y, pese a las mejoras agrícolas, en muchas regiones europeas se sufrió de hambre.