domingo, 30 de septiembre de 2007

DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA DE CHILE

Conquista española en América

En la primera mitad del siglo XVI se desarrolló una nueva etapa en el proceso de penetración española en América: la Conquista de las tierras continentales.

Esta fase significó un cambio en las concepciones coloniales de la Corona española, que vio la posibilidad de extender su poderío territorial sobre la "tierra de nadie" que representaba América.

El proceso de incorporación de los nuevos territorios a la Corona española suponía la instauración de un nuevo tipo de conquista. Un sistema distinto al basado en el intercambio comercial y enfocado a la directa explotación de la mano de obra nativa para labores mineras y agrícolas, y al saqueo de las riquezas de los imperios indígenas.

La Conquista, cuyos puntos de partida fueron las islas de Juana (Cuba) y La Española (República Dominicana), se desarrolló con una rapidez extraordinaria. En 1521, Hernán Cortés logra conquistar el imperio azteca. En 1531, Francisco Pizarro comienza la conquista del imperio inca. Esta ayudó a Diego de Almagro, socio de Pizarro, a iniciar una expedición que lograría descubrir en 1536 lo que se conocería como Chile.

Características de un conquistador

Hombres inquietos, rápidamente comprendieron que el Nuevo Mundo les proporcionaba la oportunidad de mejorar su situación, sin las trabas y prejuicios sociales que los aplastaban en España.

La condición social de los conquistadores españoles era, fundamentalmente, de villanos (vecinos comunes del vecindario de un pueblo, a excepción de quienes pertenecían a la nobleza, al clero o al estamento militar) y unos pocos hidalgos (personas que por su sangre son de una clase noble y distinguida). Los simples hidalgos, desprovistos de fortuna y en una condición social desmedrada, se convirtieron en un sector propicio para cualquier empresa o aventura que prometiera buenas recompensas. Su afán era alcanzar la categoría de grandes señores, poseedores de tierras y vasallos que trabajaran por ello. Como en España no se les presentaba ninguna posibilidad de realizar sus ambiciones, América les daba la oportunidad que soñaban.
El porcentaje de villanos que pasó por América se calcula que sobrepasó el cincuenta por ciento. Hombres inquietos, rápidamente comprendieron que el Nuevo Mundo les proporcionaba la oportunidad de mejorar su situación, sin las trabas y prejuicios sociales que los aplastaban en España.


¿El paraíso escondido?

Las zonas descubiertas por Diego de Almagro en el valle de Chile -nombre con el que se conocía al valle del río Aconcagua- eran de suelos ricos y climas más benignos; sin embargo, los lavaderos de oro parecían agotados.

En la preparación de la campaña, Almagrogastó el oro y la plata que le correspondieron en el reparto del tesoro de Atahualpa. Equipó a alrededor de 500 españoles y reunió 1.500 yanacona -aborígenes al servicio de los conquistadores-, y 100 esclavos negros. Además, iban dos representantes del imperio inca -un miembro de la realeza cusqueña y el sumo sacerdote del templo del Sol-, encargados de predisponer favorablemente a las poblaciones indígenas que pudieran encontrar en el camino.

La expedición salió del Cuzco el 3 de julio de 1535. El grupo recorrió la meseta boliviana a lo largo de la Cordillera de los Andes, hasta llegar a la altiplanicie de Laguna Blanca, desde donde cruzaron los Andes por el paso San Francisco, a más de cuatro mil metros de altura. El paso de la cordillera fue en extremo duro; muchos murieron, víctimas del frío, el hambre y los accidentes.
Llegaron al valle de Copiapó a fines de marzo de 1536, donde fueron bien recibidos por los indígenas, por lo que permanecieron un tiempo para recuperarse.

Pese a que habían traspasado los límites de la Nueva Toledo, Almagro y su hueste continuaron en busca de la riqueza que tanto ansiaban. En los valles siguientes, Huasco y Coquimbo, hubo sangrientos enfrentamientos con los indígenas.

La desilusión del valle central

Finalmente, y de manera pacífica, la expedición llegó al valle de Chile -nombre con el que se conocía al valle del río Aconcagua-. A su regreso al Perú, Almagro contribuyó a difundir el nombre Chile, hasta denominar así a la totalidad del país.

Las zonas descubiertas eran de suelos ricos y climas más benignos; sin embargo, los lavaderos de oro parecían agotados y las noticias de lo que estaba más al sur excluían la existencia de ciudades. Por el contrario, daban cuenta de pueblos muy belicosos ante los que se había detenido la expansión incaica.

Almagro decidió confirmar la información, enviando a un grupo de soldados encabezados por Gómez de Alvarado. Los exploradores no tuvieron contratiempos hasta cruzar el río Maule, donde se encontraron con los mapuche. En Reinohuelén, a orillas del río Itata, disputaron una encarnizada batalla, tras la que los indígenas emprendieron la huida, no sin antes ocasionar numerosas muertes. De regreso en el valle central, relataron lo ocurrido, con lo que la mayoría de los expedicionarios decidieron regresar al Perú.

A comienzos de 1537, Almagro abandonó Chile atravesando el desierto de Atacama. A la ausencia de riquezas y el peligro mapuche, se sumó una buena noticia: el rey Carlos V había reconocido sus derechos sobre el Cuzco. Sin embargo, al llegar se encontró con la ciudad sitiada por los incas; y, después de contener la insurrección, con la guerra con Francisco Pizarroy sus hermanos (Hernando y Gonzalo), quienes lo vencieron en el campo de Las Salinas (6 de abril de 1538). Tres meses más tarde, el 8 de julio, murió decapitado.

Pionero: El primer español que llegó a Chile fue Gonzalo Calvo de Barrientos, quien después de haber sido castigado por Pizarro a la pérdida de sus orejas, se ocultó en el valle del río Aconcagua, viviendo con los indígenas de la zona. A la llegada de Diego de Almagro, aconsejó a los indios no oponer resistencia.

A la Conquista de Chile

Tres años después del fracaso de Almagro, en 1539 Pedro de Valdivia le solicitó a su gobernador permiso para conquistar Chile, el cual le fue concedido.
Después del fracaso de Almagro, nadie en el Perú quería venir a Chile. Pero tres años después del regreso de esta expedición, en 1539, Pedro de Valdivia -experimentado soldado y maestro de campo de Pizarro- le solicitó a su gobernador permiso para conquistar Chile. Pizarro accedió, nombrando a Valdivia teniente y capitán general; pero dejó en sus manos organizar y pagar la expedición.

Nadie entendía las razones por las cuales Valdivia renunciaba a sus bienes y emprendía un viaje hacia un territorio pobre y que era defendido con fiereza por sus habitantes. Por ello sufrió dificultades para armar su expedición, ya que le costó reclutar soldados y, además, su fortuna no le alcanzó y debió asociarse con un rico comerciante, Francisco Martínez. Y por motivos políticos tuvo que asociarse, también, con Pedro Sancho de Hoz, a quien Carlos V había concedido en 1539 la autorización para descubrir y gobernar las tierras situadas al sur del Estrecho de Magallanes.

En enero de 1540, Valdivia salió del Cuzco acompañado por apenas once soldados, algunas decenas de indígenas y una mujer española llamada Inés Suárez, siguiendo la ruta del desierto por la que había regresado Almagro. En esta segunda empresa se pretendía la conquista de Chile y la fundación de asentamientos estables, por lo que llevarían consigo semillas y animales domésticos.

Durante el trayecto, se le unieron a Valdivia algunos grupos de conquistadores que venían de fracasadas expediciones al interior de la actual Bolivia, siendo su capitán Francisco de Villagra.
Bordeando la orilla oriental del salar de Atacama, llegó a Copiapó, tomando posesión de él en nombre del rey, llamándole valle de la Posesión. Luego siguió viaje por los valles de Huasco, Coquimbo, Limarí, Choapa y Aconcagua.

Como este último estaba bajo el dominio del belicoso cacique Michimalongo, Valdivia continuó hacia el sur, cruzó el cordón de Chacabuco y arribó al valle del Mapocho. Este valle presentaba condiciones favorables para establecer una ciudad y esto se llevó a cabo el 12 de febrero de 1541, cuando Valdivia fundó Santiago del Nuevo Extremo.

Esta ciudad se emplazó en una especie de isla formada por los brazos del río Mapocho, a los pies del cerro Huelén (actual Santa Lucía). El conquistador había escogido este lugar porque consideró que el río actuaba como barrera natural y el cerro permitía vigilar los movimientos indígenas.

El 7 de marzo, Valdivia instaló el Cabildo compuesto por dos alcaldes y seis regidores, que tomaban las decisiones para administrar la ciudad; un procurador, que recibía los reclamos de los vecinos; un mayordomo que manejaba los fondos; un alguacil mayor, jefe de la policía y alcaide de la cárcel; un fiel ejecutor, que supervisaba los precios establecidos, y otros funcionarios menores. Los primeros alcaldes de Santiago fueron Francisco de Aguirre y Juan de Avalos Jofré.

Las noticias que llegaban del Perú sobre la posible muerte de Francisco Pizarro a manos de los almagristas, despertó la inquietud de quienes temían que Valdivia fuera destituido de su cargo de teniente gobernador. Es por ello que, escuchando los deseos de los vecinos, el 10 de junio de 1541, el Cabildo abierto eligió Gobernador interino a Pedro de Valdivia. El nombramiento, en todo caso, debía ser aprobado por el rey.

Antes de aceptar el cargo -ofrecido en nombre de Carlos V-, Valdivia lo rehusó tres veces, porque no quería romper sus relaciones con Francisco Pizarro, en cuya representación había actuado hasta entonces.
El retroceso de la Conquista

A finales del siglo XVI resurgió la resistencia indígena, dirigida por los toqui Pelantaro y Anganamón, en lo que se conoce como desastre de Curalaba (23 de diciembre de 1598).
El período comprendido entre 1561 y 1600, con la excepción del gobierno de Alonso de Sotomayor (1583-1592), fue una sucesión de calamidades: continuó la guerra de Arauco; una epidemia de viruela ocasionó muchos muertos entre los indios que trabajaban en las minas; hubo dos grandes terremotos: el de Concepción, en 1570, y el que destruyó las ciudades al sur del Biobío, en 1575. Además, los corsarios ingleses atacaron las costas chilenas, entre ellos Francis Drake, que saqueó e incendió Valparaíso.

Los gobernadores que sucedieron a Francisco de Villagra, Pedro de Villagra (1563-1565), Rodrigo de Quiroga (1565-1567 y 1575-1580), la Real Audiencia de Concepción y su presidente, Melchor Bravo de Saravia (1567-1575), Martín Ruiz de Gamboa (1580-1583), Alonso de Sotomayor (1583-1592) y, por último, Martín García Óñez de Loyola (1592-1598), se avocaron, fundamentalmente, a tratar de finiquitar el conflicto de Arauco, pero la suerte les fue esquiva. De hecho, a finales del siglo XVI resurgió la resistencia indígena, dirigida por los toqui Pelantaro y Anganamón, en lo que se conoce como desastre de Curalaba (23 de diciembre de 1598), donde murió el gobernador Martín García Óñez de Loyola y toda su gente. Además, las siete ciudades construidas al sur del Biobío –Santa Cruz, Angol, Concepción, La Imperial, Villarrica, Valdivia y Osorno– fueron arrasadas, murieron más de mil soldados y fueron capturados 400 mujeres y niños españoles y mestizos.

Este desastre y el término del gobierno de Hurtado de Mendoza son los hechos que marcan el fin de la Conquista. Curalaba también constituía el mayor revés para los españoles en tierra americana, ya que el terreno perdido no volvería a recuperarse, efectivamente, en los doscientos años siguientes.

1 comentario:

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NO TE CAERIA MAL NI NADA SI TE DIJERA QUE YO EN MI BLOG TB ESTOY HACIENDO LO MIMSO

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