miércoles, 5 de septiembre de 2012

NAPOLEÓN BONAPARTE

Emperador de los franceses, fue uno de los militares más brillantes de todos los tiempos y un estadista cuya influencia marcó cambios profundos en Europa.

Nació el 15 de agosto de 1769, en Ajaccio (Córcega). Era el segundo hijo de Carlos Bonaparte y Letizia Ramolino, ambos miembros de la pequeña burguesía corso-italiana.



En 1779 cursó estudios militares en Francia y a los 17 años se graduó como teniente. Tras el estallido de la Revolución Francesa (1789) se unió al sector más extremista (los jacobinos) y fue nombrado teniente de la recién creada guardia nacional.


Logró aplacar una sublevación contrarrevolucionaria apoyada por los ingleses en Toulon (1793), acción que le valió el nombramiento como general de brigada y su destinación a Italia. Aquí combatió a los austríacos y logró aplastantes victorias en Lodi (1796), Arcole y Rívoli (1797), las cuales pusieron fin a la Primera Coalición, alianza en su contra formada por Austria, Prusia, Gran Bretaña, España, los Países Bajos y el reino de Cerdeña.

Entre el ejército y la política

Napoleón marchó con sus tropas hacia Viena, cuyo gobierno aceptó firmar la paz, la cual quedó sellada en el Tratado de Campo Formio.


En marzo de 1796 se casó con Josefina Tascher de la Pagerie, viuda del vizconde de Beauharnais.

En 1798, se le asignó el mando de una expedición que tenía como objetivo conquistar Egipto, para cortar la ruta británica hacia la India. En estas tierras triunfó en la batalla de Las Pirámides, pero cayó derrotado por el almirante Horacio Nelson, quien lo deja aislado.

Entre tanto, en Europa, el Sacro Imperio Romano, Rusia, Nápoles y Portugal se habían aliado con Gran Bretaña para formar la Segunda Coalición.

Napoleón volvió a Francia y se unió a una conspiración contra el Directorio (gobierno de la época), al que logró derrocar en un golpe de Estado (9 y 10 de noviembre de 1799). Poco después se hizo nombrar Primer Cónsul, disponiendo de amplios poderes con los que reorganizó el Estado francés.

Francia perdió algunos territorios conquistados a los austríacos en el norte de Italia, pero Napoleón logró imponerse en la batalla de Marengo (1800).


Apogeo y caída del imperio napoleónico

Aprovechando su popularidad, se hizo nombrar Cónsul vitalicio en 1802 y, dos años más tarde, se autoproclamó Emperador, en una ceremonia presidida por el papa Pío VII, en la catedral de Notre Dame.

En 1805, Napoléon trazó planes para invadir Gran Bretaña, pero fue derrotado en la Batalla de Trafalgar (1805). Ese mismo año se encontró frente a una Tercera Coalición formada por Gran Bretaña, Austria, Rusia, Suecia y Nápoles, la que derrotó en la batalla de Austerlitz.

En julio de 1806 se creó la Confederación del Rin, alianza militar entre Francia y 16 estados alemanes. Por su parte, Prusia y Rusia forjaron la Cuarta Coalición, la que Bonaparte derrotó en las batallas de Jena y Auerstädt, en 1806, y Friedland, en 1807. El zar ruso Alejandro I firmó con el emperador francés el Tratado de Tilsit, que era un acuerdo global por el que ambos imponían su hegemonía sobre el resto de Europa.

Bonaparte instauró el Sistema Continental con los países que gobernaba y sus aliados y decretó el bloqueo comercial contra los ingleses. Con la excusa de invadir Portugal (1807), ligado a los ingleses, Francia se apoderó también de España (1808).


Una Quinta Coalición, sostenida por Austria y Gran Bretaña, fue liquidada en la batalla de Wagram (5 y 6 de julio de 1809).

En 1810 se divorció de su esposa Josefina y se casó con la archiduquesa María Luisa de Austria, quien le daría el esperado heredero, Napoleón II.

Entre 1812-1813, Bonaparte emprendió una campaña sobre Rusia, que luego de victorias iniciales terminó con la retirada de sus diezmadas tropas. Tras este fracaso, varios estados europeos se unieron en la Sexta Alianza para combatir a Napoleón, el cual sucumbió en Leipzig (1813).

Gobierno de los cien días

El 6 de abril de 1814, Napoleón abdicó y fue desterrado a la isla de Elba, cerca de la costa italiana. En marzo de 1815, se escapó y tras colocar de su parte a las tropas enviadas para capturarle, marchó hacia París. Establecido en la capital, promulgó una nueva Constitución y se tomó el poder, en lo que se conoció como Gobierno de los cien días. Las tropas británicas y prusianas, al mando del duque de Wellington, lo vencieron en la batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815. Napoléon fue desterrado a la isla atlántica de Santa Elena, en donde murió confinado el 5 de mayo de 1821.

Revolución Francesa (1789-1794)

La Revolución Francesa (1789-1794) es una etapa clave en la historia de la humanidad, ya que derriba el sistema absolutista e impone los derechos de los ciudadanos: igualdad, libertad y fraternidad.

La revolución francesa


En Francia el poder del rey era dado por derecho divino y estaba centralizado en su persona, debido al sistema político de gobierno de monarquía absoluta que regía.

La sociedad se distribuía en tres clases: el clero, la nobleza y el estado llano. Las dos primeras eran privilegiadas y la tercera, la mayoría de la nación, incluía a campesinos, artesanos, obreros, burgueses y otros, quienes soportaban casi todas las cargas del Estado, entre ellas, pagar los impuestos, de los cuales estaban exentos el clero y la nobleza. Solo la burguesía tenía una posición mejor, ya que se había enriquecido mucho durante el siglo XVIII, pero aun así quería cambios radicales.

Sin embargo, el resto del estado llano sufría miseria y hambre. En París, de 650.000 habitantes, 119.000 eran indigentes, un ejército dispuesto a un motín para mejorar su pésima condición.

Por otra parte, el alto clero (obispos y abades) disponía de una enorme fortuna y la gran nobleza de cuantiosas rentas otorgadas por el rey.

La caída del Rey

Sesión de los Estados Generales. La nobleza se ubica a la izquierda del trono, el clero a la derecha y el tercer estado al frente.

Debido a la gravísima crisis económica de Francia, profundizada por el apoyo que dio a la independencia de Estados Unidos, Luis XVI se vio obligado a convocar a los tres estamentos de la sociedad o Estados Generales, en 1789, reuniéndose en febrero de ese año. En total eran cerca de 1.200 diputados, 578 de los cuales pertenecían al estado llano, ya que el rey había decidido incrementar su número.


Los estamentos solicitaron al soberano redactar una Constitución que definiera los derechos del rey y de la nación, otorgando ciertas libertades e igualdad frente a los impuestos. Como este no se pronunció al respecto, el 17 de junio se constituyó la Asamblea Nacional, al considerar los delegados del estado llano que representaban, por lo menos, al 96 por ciento de la nación. La Asamblea decretó que no podía percibirse ningún nuevo impuesto sin su consentimiento, en lo que fue el primer acto revolucionario y el primer fracaso del poder real.


Luis XVI, influenciado por la corte y su esposa, María Antonieta, que odiaba a los reformistas, cerró el lugar de sesiones de la asamblea. Sin embargo, los diputados se reunieron en una sala de juego de pelota cercana y decidieron no separarse hasta dejar establecida la Constitución, en lo que se conoce como El juramento del juego de pelota. A los representantes del estado llano se les unieron, aunque por orden del rey, el clero y la nobleza, y el 9 de julio se formó la Asamblea Constituyente, poniendo fin a la monarquía absoluta.

Toma de la Bastilla

Luego de cuatro horas de combate, durante las cuales los asaltantes tuvieron 200 bajas, entre muertos y heridos, la Bastilla cayó.

Luis XVI quiso recuperar el poder por la fuerza, pero el 14 de julio de 1789 todo el furor popular finalmente estalló y se dirigió contra la fortaleza de la Bastilla, que era prisión de Estado y cuyos cañones apuntaban a París. Luego de algunas horas de lucha, la fortificación cayó. La milicia parisiense quedaba en manos del marqués de Lafayette, quien había combatido por la independencia de Estados Unidos. Luego, la asamblea suprimió los privilegios señoriales el 4 de agosto.

Con posterioridad, el 27 del mismo mes se aprobó la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, cuyos postulados fueron: el imperio de la ley, la igualdad y la libertad de los hombres y la soberanía nacional. Además, se adoptaron las consignas: libertad, igualdad y fraternidad.

La Constitución ve la luz

Como una forma de generar recursos económicos, la Asamblea puso los bienes de la Iglesia bajo su dominio y subordinó el clero al Estado. Estas decisiones recibieron la condena del Papa y motivaron a Luis XVI, profundamente religioso, a escapar junto a su familia en junio de 1791 para después reconquistar el poder por las armas. Sin embargo, fue apresado y conducido de regreso a París, al palacio de las Tullerías, con la suspensión temporal de sus poderes.

Mientras tanto, el 3 de septiembre de 1791, la Asamblea aprobó la Constitución de Francia, mediante la cual se transformó la monarquía absoluta en parlamentaria. La ahora Asamblea Legislativa, con 745 escaños, quedó formada solo por burgueses: 260 partidarios de la monarquía constitucional, 140 opositores y el resto a favor de la revolución, pero no con una forma determinada de gobierno.

Revolución violenta

Los revolucionarios, liderados por los jacobinos Maximiliano de Robespierre, Georges-Jacques Danton y Jean Paul Marat, querían eliminar definitivamente al rey y, apoyados por los hebertistas, seguidores de Jacques-René Hébert, caudillo de las masas populares conocidas como sans-culottes (descamisados), asaltaron el palacio de las Tullerías. Luego se proclamó el gobierno popular en París, llamado la Comuna, y el 20 de septiembre se estableció la Convención Nacional.

La primera medida de la Convención fue abolir la monarquía e instaurar la república, pero esta nació con divisiones: los girondinos (o la derecha) representaban a la gran burguesía; los jacobinos o montañeses (la izquierda), se apoyaban en la pequeña burguesía y los sans-culottes; en el centro estaba el pantano o llanura, que era la mayoría.

Cuando se decapitó a Luis XVI y a su esposa, debido a su resistencia contra la revolución, la Convención se quebró más aún entre los que eran acusados de antirrevolucionarios y otros de regicidas (asesinos de reyes). Para proteger la revolución se creó el Comité de Salvación Pública y se suspendió la constitución de octubre de 1793, lo que significó el inicio del periodo conocido como del terror.

Se formaron tribunales populares y se persiguió y ejecutó a aristócratas, monárquicos y contrarrevolucionarios; pero también a muchos adeptos a la revolución, entre ellos girondinos e, incluso, integrantes de la Convención. En marzo de 1794, Robespierre mandó a la guillotina a los elementos más radicales de la Comuna de París, además de los jacobinos moderados, entre ellos a Dantón. Sin embargo, el propio Robespierre fue ejecutado, el 9 de termidor, según el calendario revolucionario (27 de julio de 1794). Esto permitió a la Convención proclamar la Constitución del año III, en la que se separaban los poderes legislativo y ejecutivo.

El Directorio

Una vez que Napoleón se tomó Portugal, creyó que era posible hacer lo mismo con España.

El poder legislativo quedó dividido en dos cámaras: la bajao Consejo de los Quinientosy la alta o Consejo de Ancianos, que en sesiones extraordinarias elegían a los cinco integrantes del Directorio, en quienes recaía el poder ejecutivo.

El Directorio continuó la lucha contra los monárquicos y radicales, apoyado en el ejército en que comenzaba a destacarse Napoleón Bonaparte por sus dotes de mando y genio militar.

A pesar de que en la guerra –dirigida ahora por Napoleón– contra los Estados europeos se habían logrado algunos avances, Francia sufrió una serie de derrotas a manos de la alianza formada por Inglaterra, Austria y Rusia. Esta situación, unida a la inestabilidad política, llevaron a Bonaparte a dar un golpe de Estado el 18 de brumario (9 de noviembre de 1799) para instalar un gobierno fuerte, reemplazando el Directorio por un Consulado formado por tres personas, consolidando de esta manera a la burguesía como clase dominante y terminando, definitivamente, con el periodo de la revolución.

El imperio de Napoleón

Napoleón, vestido para la coronación como emperador. El Papa VII bendijo los adornos tradicionales, pero Napoleón se corona a sí mismo.

Napoleón disolvió los poderes legislativo y ejecutivo y fue proclamado primero entre los tres cónsules. Luego legitimó su liderazgo con la Constitución de 1799, que centralizaba el poder en el primer cónsul.

Durante el Consulado se reformaron las finanzas, se estabilizó la moneda y se creó el Banco de Francia. Se restablecieron las relaciones con el Papado y se promulgó el Código Civil, base del ordenamiento legal de muchos países en la actualidad.

El poder de Bonaparte (también conocido como el Corso, por haber nacido en la isla de Córcega) se acrecentó cuando se autoproclamó emperador en 1804.

Con el apoyo de la armada de España, Napoleón intentó invadir Inglaterra, pero en 1805 la flota franco-española fue derrotada en la batalla de Trafalgar por el almirante británico Horatio Nelson. Sin embargo, en tierra y en ese mismo año, el emperador francés venció a una coalición formada por el Reino Unido, Austria, Rusia, Suecia y el reino de Nápoles, en Austerlitz. Luego de triunfar sobre Prusia, Napoleón se repartió Europa oriental con el zar Alejandro I, de Rusia.

Como Portugal no respetó el bloqueo económico impuesto por el Corso a los ingleses, este invadió ese país. Para hacerlo atravesó España, con la autorización de sus soberanos, aprovechando también de apoderarse de esa nación e instalando en el trono a su hermano José, que ya era rey de Nápoles. Pero los españoles, ayudados por los ingleses, se sublevaron en 1808 y con su persistente rebelión desgastaron las tropas enviadas por Bonaparte para controlar la situación.

El ocaso del Corso

En 1812 Napoleón, junto a un gran ejército, compuesto por casi medio millón de hombres, invadió Rusia. Luego de la batalla de Borodino, las fuerzas francesas ingresaron a Moscú. Sin embargo, debieron retirarse, ya que la ciudad fue incendiada por sus propios habitantes. El terrible invierno ruso, más las acciones bélicas, prácticamente exterminaron a las milicias francesas, regresando solo 10.000 hombres a su país. Este hecho marcó el comienzo de la caída del emperador.

Napoleón seguía empecinado en conquistar totalmente Europa, pero esta ambición ya no era tolerada por los franceses, cansados de más de veinte años de guerras. Además, ahora encontraba una resistencia patriótica de parte de las naciones subyugadas, lo que hacía más difícil su dominio.

En 1813 perdió la batalla de Leipzig, lo que motivó a Austria a reconquistar Italia. Asimismo, los ejércitos napoleónicos debieron dejar España y en 1814 las potencias aliadas entraron a París. Napoleón fue desterrado a la isla de Elba, frente a la costa italiana, mientras asumía el trono Luis XVIII, hermano del decapitado Luis XVI.

Sin embargo, en 1815 Napoleón consigue escapar y regresar a Francia, donde fue recibido como héroe, para luego triunfar en Ligny (Bélgica) frente a las fuerzas aliadas. Pero luego fue derrotado en la batalla de Waterloo, en ese mismo país, el 18 de julio, por el británico Arturo Wellesley, duque de Wellington. Fue nuevamente exiliado, pero esta vez a la isla de Santa Elena, en medio del océano Atlántico, donde falleció en 1821.




La Unidad italiana

(Guy Palmade. La época de la burguesía, Ed. Historia Universal Siglo XXI, Vol. 27. Madrid, 1976, pp. 241247)



Entre 1850 y 1860 Francia y Alemania tienen cada una 36 millones de habitantes, el Reino Unido 38 e Italia 25. Italia podría ser una gran potencia europea, pero no lo es, como tampoco lo es Alemania. Políticamente está fragmentada, y en parte sometida a la tutela de Austria. Económicamente es una frontera de la Europa occidental capitalista e industrial, igual que Austria y Alemania, un espacio disputado e inseguro. La unidad italiana y la unidad alemana enfrentan a estos tres países en los dos únicos grandes conflictos armados europeos del siglo XIX. En ambos casos Francia, que quiere y cree ser la primera potencia continental, toma parte en el conflicto. Desde varios aspectos hay que relacionar, pues, el fenómeno de la unidad italiana con el movimiento general que conmueve a la Europa occidental.



Así como, desde un cierto punto de vista, el liberalismo político aplica los principios enunciados por la Revolución francesa de 1789, porque en definitiva la burguesía es lo bastante fuerte para imponerse, la unidad italiana puede ser considerada como la última onda de esa Revolución a escala europea, ya que Napoleón III realiza lo que había sido esbozado por Napoleón I. Porque no es sino la Revolución francesa de 1789 lo que da a Italia «la idea fuerza de nación, comunidad de ciudadanos cimentada por el vínculo contractual y la conciencia cívica, es aquélla la que da origen a la idea unitaria con las primeras realizaciones, calcadas del arquetipo francés y conformes al nuevo derecho derivado de los principios de 1789». Esta unidad beneficia a la Italia del norte, la única que está integrada en el espacio económico industrial de Europa. Su artífice principal, Cavour, es un político liberal de horizontes europeos, que en ningún momento de su vida ha puesto sus pies en Venecia ni en Roma ni en Nápoles. Finalmente, así como el liberalismo belga, holandés y francés es anticlerical, la unidad italiana se hace contra el Papa, quien pierde sus Estados y se retira por más de medio siglo al Vaticano, considerándose prisionero del nuevo reino.





J. R. Juliá. Atlas de historia universal, Barcelona 2000. Vol. II, p. 87



A principios del siglo XIX los diplomáticos del Congreso de Viena podían estimar, empleando las famosas palabras de Metternich, que Italia era una expresión «geográfica». Después de las Revoluciones de 1848, pese a su fracaso y al mantenimiento de la división política, no se puede ya dudar del vigor del sentimiento nacional. En Custoza en 1848 y en Novara en 1849 los patriotas italianos han sido derrotados por un ejército extranjero, al querer librar solos la batalla. El juego de las grandes potencias, por la intervención de Francia y la complicidad benévola de Inglaterra, debe realizar lo que no pudo obtenerse en 1848: fracaso de las Revoluciones de 1848, triunfo a largo plazo de sus ideas. pero por medios indirectos, menos románticos.



En 1849 se restablece el orden, los príncipes recuperan sus Estados y suprimen las constituciones liberales otorgadas por breve tiempo. La Lombardía, austriaca, permanece en estado de sitio hasta 1856. Guarniciones austriacas ocupan las Legaciones (Estados Pontificios), la Toscana, los ducados de Parma y Módena. En Nápoles, Fernando II instaura un régimen policiaco que lleva a cabe una auténtica caza de brujas. Sólo el reino del Piamonte escapa a la reacción. El nuevo rey Víctor Manuel II, subido al trono tras la abdicación de Carlos Alberto, anuncia el 27 de marzo de 1849 que conservará el Estatuto, frenando así un principio de campaña antimonárquica. En mayo, Massimo d'Azeglio toma el mando de un ministerio de bienestar: aristócrata de temperamento artístico e indolente, lúcido, aplica lealmente la constitución. El 11 de octubre de 1850 hace entrar en el gobierno como ministro de Agricultura y Comercio a un diputado del centroderecha, Camillo Benso, conde de Cavour. Paulatinamente, gracias a su actividad, su energía y su impaciencia, Cavour se impone como verdadero jefe del gabinete y se transforma en presidente del Consejo en mayo de 1852, apoyado por una mayoría parlamentaria de coalición que nace de la unión del centroderecha y del centroizquierda.



Nacido en 1810, Cavour es hijo menor de Michele, que había dado su adhesión al régimen napoleónico y había especulado con los bienes nacionales. Su abuela materna, Filippina de Sales, pertenece a la nobleza de Saboya. Su madre, Adéle de Sellon, es descendiente del patriciado calvinista de Ginebra. Por su matrimonio es sobrino político de un gran aristócrata francés, el duque de Clermont Tonnerre. Su lengua materna es el francés. En cuanto a ideas, sus compatriotas le reprochan ser inglés. Liberal, es expulsado en 1826 de su cargo de paje del rey, y manifiesta su admiración por la Revolución francesa de 1830, lo que le obliga a abandonar el ejército. Durante los años siguientes, Cavour revaloriza una gran zona arrocera de la llanura del Po, drena los suelos, introduce los abonos químicos y las primeras máquinas, especula con los ferrocarriles en la Bolsa, participa en la creación del Banco de Turín en 1847, invierte en las fábricas de harina y de fertilizantes y escribe artículos sobre la libertad de comercio y ferrocarriles, pero viaja también por Suiza, Francia, Bélgica e Inglaterra. Por su amplitud de miras y sus experiencias, es uno de los pocos liberales que ve claramente que «las exigencias del progreso político y económico son idénticas».



En el reino de Piamonte-Cerdeña, un pequeño Estado de 5 millones de habitantes, él es quien gobierna desde el centro, siendo criticado tanto por la derecha conservadora y católica como por la extrema izquierda radical, y se propone como tarea la modernización de las estructuras económicas y políticas del país. El balance administrativo es impresionante: nuevos códigos, nuevas reglamentaciones, reorganización del cuerpo de funcionarios. En el campo económico, por no disponer sobre el propio terreno de un ahorro suficiente y disponible para ser invertido en las empresas industriales, Cavour recurre a capitales extranjeros maniobrando con agilidad entre los grandes bancos franceses e ingleses y favoreciendo el desarrollo del puerto de Génova, primer puerto italiano. En diez años se duplica el volumen de los bienes de consumo, y el Piamonte se dota de la mayor red de ferrocarriles de la península, abre numerosos canales por todo su territorio y firma tratados de libre cambio con los grandes países. En 1860 el Piamonte posee la mitad del capital social del conjunto de las sociedades industriales y comerciales italianas. Cavour tropieza por otra parte con dificultades financieras a causa del desequilibrio de los presupuestos, cubierto mediante empréstitos, y con dificultades de orden político a causa de las medidas anticlericales, la supresión de las órdenes religiosas puramente contemplativas y la confiscación de sus bienes por el Estado... En el campo diplomático y militar, el ejército es reestructurado y dotado del material más moderno, la marina de guerra es desarrollada, pero lo que es más importante, Cavour logra alinear al Piamonte en el campo liberal, al lado de Inglaterra y de la Francia de Napoleón III, quien intenta romper con el bloque conservador que forman Prusia, Austria y Rusia. Al no decidirse Austria a unirse a franceses e ingleses, cuyas operaciones se hacen interminables en Crimea, Cavour entra en el conflicto en 1855 al lado de Francia e Inglaterra contra Rusia, tras desbaratar las intrigas de la derecha católica austrófila, con el tiempo justo para participar en el Congreso de París (1856). Ha de acudir personalmente a París para forzar las puertas de la conferencia, intriga entre franceses e ingleses y por fin logra intervenir. Su intervención queda resumida en un memorándum que consta en las actas del Congreso: aduce que, por culpa de Austria, Italia se encuentra en una situación prerrevolucionaria, y que el interés de las grandes potencias consiste en ayudar al Piamonte antes de que sea demasiado tarde. En realidad, habiendo fracasado todas las sediciones y complots, principalmente en Mantua, Milán, Venecia, Parma, Sicilia y Toscana, la mayoría de los patriotas respaldan el programa moderado de Cavour. Daniele Manin, abogado republicano exiliado en París, subordina su adhesión a la voluntad de los participantes en el Congreso de construir una nación italiana. Por otra parte, Turín acoge a muchos exiliados procedentes de otros Estados italianos, los futuros dirigentes de la Italia de la segunda mitad del siglo: en el gobierno piamontés figuran ministros oriundos de Venecia, Bolonia, Milán, Sicilia.



¿Cómo se decide la intervención francesa? Italia despierta, sin duda, simpatías en Europa, en Inglaterra principalmente, donde esta actitud se mezcla a un moralismo protestante antipapista. Gladstone declara que la reacción napolitana es «la negación de Dios». En Francia intelectuales liberales y anticlericales, como Buloz, director de la Revue des Deux Mondes, son favorables a la causa de la unidad; pero muchos piensan, como Lamartine, que Italia, tierra del pasado, está poblada de «polvo humano». La opinión pública católica no admite que se toque Roma. Napoleón III cede en realidad a un sentimiento personal pese a la mala voluntad de la diplomacia oficial, cuyo jefe es el católico Walewski, hijo natural de Napoleón I. A partir de 1855 se conocen tres tentativas de asesinato urdidas por italianos contra el «carbonario felón» Napoleón III, el antiguo revolucionario de la Romaña. La tercera, la del conde Orsini, provoca una especie de crisis política, que determina la aprobación de una ley de seguridad general (febrero de 1858). El encuentro decisivo de Napoleón III y Cavour se produce en Plombiéres, en julio de 1858: el emperador de los franceses promete enviar 200.000 hombres a Italia contra Austria a fin de crear una especie de federación italiana sin Austria, una federación en la que Francia ejercería una hegemonía moral, y el Papa, desposeído de la mayor parte de sus Estados, recibiría la presidencia como compensación. Ese acuerdo es secreto, como la promesa de Cavour de ceder Saboya a Francia. Diversas intrigas parecen querer revocarlo, pero es confirmado por un tratado secreto de alianzas de enero de 1859. Una publicación oficiosa deja adivinar en Francia los designios imperiales: las grandes potencias, principalmente Rusia e Inglaterra, dirigida entonces por un gabinete conservador, proponen una reunión internacional. Es Austria quien por torpeza precipita las cosas al dirigir un ultimátum a Turín...



Comienza la guerra el 29 de abril de 1859 con una débil ofensiva de los austriacos, quienes dejan a las tropas francesas el tiempo de llegar. Napoleón III asume personalmente el mando supremo a finales de mayo y el 4 de junio gana la batalla de Magenta, única operación estratégica de las hostilidades que permite la entrada en Milán de ambos monarcas. Pero Toscana ya ha echado a su gran duque, con una «revolución de salón»; al derrocar a sus soberanos Parma y Módena, la insurrección crece en Romaña y en las Legaciones, y de toda Italia acuden voluntarios para alistarse en el ejército piamontés. Preocupado por tanto entusiasmo, Napoleón III, tras la victoria de Solferino, entra en contacto con el Emperador de Austria a espaldas de Cavour y el 11 de junio concierta los preliminares de la paz de Villafranca, quince días después de su llegada a Italia, Austria renuncia a Lombardía, pero los príncipes de Italia central serán restaurados y se instaurará una confederación presidida por el Papa. Dimite Cavour. La actitud de Napoleón III es debida, en parte, a las noticias que le llegan de Francia y que testimonian de la extrema reserva de la opinión y, en parte, a la movilización de 400.000 prusianos en el Rin.



Retirado del poder, Cavour puede animar a los moderados para que conserven el control de la situación en Italia central, cuyas asambleas constituyentes aprueban en agosto y septiembre de 1859 la unión con el Piamonte. En diciembre de 1859 Napoleón III decide reemprender alguna iniciativa, y el ministerio liberal inglés considera favorablemente la perspectiva de una unidad italiana: un libelo oficioso aparecido en París aconseja al Papa la renuncia a sus Estados, excepto Roma, y Walewski deja el ministerio de Asuntos Exteriores. En enero de 1860 Cavour vuelve al poder, se aprovecha de la rivalidad de Londres y París y organiza plebiscitos triunfales en Italia central; el Piamonte cede Saboya y Niza a Francia para reforzar los lazos rotos por un momento.



El nuevo reino de la Alta Italia, con el Piamonte, la Lombardía, Parma, Módena, la Toscana y la Romaña, cuentan con 12 millones de habitantes, es decir, casi la mitad de Italia. Los círculos dirigentes piamonteses se dan por satisfechos. Es una nueva fuerza política, el Partido de la acción, que cuenta con el pueblo, la más clarividente: Crispi, emigrado siciliano, y Garibaldi, en mayo de 1860, organizan la expedición de los mil «camisas rojas» con 1.500 armas oxidadas que los piamonteses acaban por concederles. Los mil voluntarios, todos ellos intelectuales habitantes de ciudades, desembarcan en Sicilia, libran algunas escaramuzas con los borbónicos, son bien recibidos por las ciudades sublevadas y, para conciliarse con los campesinos un tanto reticentes, suprimen la tasa sobre la molienda de granos. En agosto de 1860, Garibaldi cruza el estrecho de Mesina y es recibido triunfalmente en el sur de Italia. Un ministro del rey Francisco II abre en persona las puertas de Nápoles. Cavour decide actuar para contener la ola democrática; el ejército piamontés entra en las Marcas y se reúne con los partidarios de Garibaldi en el reino de Nápoles. Víctor Manuel es saludado como rey de Italia por el mismo Garibaldi. Se ratifican las nuevas anexiones mediante plebiscitos. Fuera del reino no queda más que la Venecia austriaca y la campiña romana con Roma. Un nuevo parlamento se reúne en Turín en febrero de 1861; el reino de Italia es reconocido con entusiasmo por Inglaterra y también por Francia. Cavour muere en el mismo año, en el momento en que negocia en secreto un compromiso con el Papa.



La consecución de la unidad es laboriosa y carente de grandeza. La administración unitaria se establece con dificultad. Una verdadera guerrilla dirigida por el clero asola el antiguo reino de Nápoles, donde los piamonteses fusilan sin juicio a 1.000 rebeldes en dos años. Gracias a los buenos oficios de Napoleón III con ocasión del conflicto austro-prusiano de 1866, Italia puede atacar de nuevo a Austria. Pese a ser derrotada, Italia consigue Venecia tras la ficción de un plebiscito (1866). Queda la cuestión más espinosa, la de Roma y la campiña romana: en 1862, el gobierno real lanza a Garibaldi contra Roma, mas presionado por Napoleón III, debe él mismo contenerle. En 1867, animado en secreto por algunos círculos oficiales, Garibaldi hace una nueva tentativa, pero una división francesa le intercepta en Mentana. Es el conflicto franco-prusiano quien decide la suerte de Roma: a la caída de Napoleón III los italianos envían un ejército a Roma, que ratifica la anexión mediante un plebiscito con 98 por ciento de votos a favor. Una ley de garantías ofrece al Papa poco más o menos lo que aceptará de Mussolini cincuenta años más tarde, pero que entonces rechaza: derechos de un soberano, envío de nuncios al extranjero y compensaciones. La unidad termina como ha empezado, a favor del juego de las grandes potencias. Quedan todavía Trento y Trieste. La unidad ha costado la vida a 6.000 italianos, pero también a 15.000 franceses...



En conjunto, la unidad ha sido obra de una clase burguesa, intelectual y moderada, y también de los funcionarios del norte que han sabido insertarse en un juego diplomático a escala europea. Aquí también el liberalismo alcanza rápidamente sus límites: incapacidad para concebir reformas sociales de las cuales tanta necesidad tiene el sur de Italia, timidez, estancamiento en el conservadurismo. Habiendo prohibido Pío IX a los católicos participar en las elecciones legislativas, el cuerpo electoral, muy exiguo ya con sólo el 15 por ciento de los varones adultos, es ahora debilísimo. La izquierda anticlerical y liberal que gobierna a partir de 1876 se lanza en una política megalómana de nacionalismo, de armamentos y de colonialismo. En el caso de Italia, más aún que en otros casos, más que de una voluntad de enfrentarse a lo real, se trata de una huida hacia adelante.



martes, 4 de septiembre de 2012

Apuntes: Jacobinos y Girondinos

Jacobinos

Término procedente de “Jacobin”, es decir, del latín “Iacobus” (Santiago), en alusión a un convento de París donde celebraron durante algún tiempo sus reuniones los integrantes del grupo de revolucionarios al que le fue aplicado el vocablo.




Los jacobinos constituían el ala radical de la revolución, en oposición a los más moderados girondinos. Por el lugar que ocuparon en la Asamblea Nacional (el más alto de la tribuna izquierda) también se les designó con el apelativo de “montañeses”.



Desplazaron a los girondinos del poder en junio de 1793 y en gran medida fueron los responsables de la ejecución del rey Luis XVI. En julio de 1794 (Thermidor o "cálido") un golpe de estado protagonizado por los sectores más moderados (la "Llanura") de la revolución acabó con el gobierno jacobino, poniendo fin a la etapa denominada “Régimen de Terror”, en alusión al gran número de ejecuciones llevadas a cabo bajo el liderazgo de los más exaltados (Robespierre).



Destacados jacobinos fueron Robespierre y Saint-Just.



En la actualidad el término jacobino se aplica a quien es partidario de medidas revolucionarias o al izquierdista radical. También se aplica con carácter peyorativo como sinónimo de exaltado, violento o sanguinario.






The Industrial Revolution

During the 1700’s, people in Western countries began producing goods in a wholly new way. Inventors built remarkable machines. New forms of power, such as steam, replaced animal strength and human muscle. The factory system of making goods came into use. All of these advances affected patterns of living as well as working. Because society was so transformed, this time of great change is known as the Industrial Revolution.




Great Britain’s Advantages



The Industrial Revolution began in Great Britain in the mid-1700’s. Several factors made Britain ripe for industrial growth.



1.- Labor supply: Britain had a large number of able workers. This was because its birth rate was increasing and its death rate was declining. Also, many small farmers had been forced to leave their lands and were looking for work.

2.- Natural resources: Britain was rich in coal and iron ore. From its colonies Britain imported other resources, particularly cotton, to use in making textiles.

3.-Investment capital: Britain had capital-money and goods- ready to invest in new industries. The money came from wealthy landowners and from merchants who had grown rich through trade.

4.-Entrepreneurs: Britain was home to energetic and daring entrepreneurs people who organized and managed businesses. The opportunity to make great profits spurred these entrepreneurs to build factories, work out efficient ways of producing goods, and search for new markets.

5.- Transportation: As an island nation, Britain had many fine harbors as well as an extensive canal system. It was much cheaper to transport heavy goods by water than by land. The nation’s large fleet of merchant ships made it easy to carry raw materials to factories and goods to markets. Britain also had a strong navy that could protect its merchant fleet.

6.- Markets: Britain and its colonies overseas provided a good, market for the sale of manufactured goods. As businesses expanded and new jobs were created, more people had money to spend on factory-made products.

7.-Government support: The British government did much to boost the entrepreneurial spirit. It passed laws that protected businesses and helped them to expand.



The Agricultural Revolution

New farming methods: A revolution in agriculture had paved the way for the Industrial Revolution. New farming methods resulted in better harvests, and Britain found it easier to feed its growing population. Money that had once been used to import supplies of good could instead flow into British industries.







The agricultural revolution began about 1701, when Jethro Tull invented a mechanical drill for planting. The drill made straight rows of holes in the soil and dropped seeds into them. This was a great improvement over the old method of scattering seeds by hand. Tull also invented a horse-drawn hoe, which broke up and loosened the soil so that plants could grow better.



In the early 1700’sCharles Townshend experimented with mixing lime and clay into the soil. This practice helped keep the soil fertile. Townshend also taught farmers to grow turnips, which could be stored to fee livestock during the winter. Before this time, farmers slaughtered much of their livestock in the fall, because there was not enough food to keep the animals alive through the winter.



The enclosure movement: The new farming methods spread slowly at first. Most small farmers had neither the money nor the desire to experiment with them. As time went on, however, wealthy landowners tried the new methods and had great success. They began buying out small farmers, who found it hard to compete. The landowners also began enclosing or fencing in, public lands that villagers had once shared with each other. After 1760, Parliament encouraged the enclosure movement, as it was called.



As estates grew larger, farm production soared. Poor villagers, however, who had depended upon village lands for raising crops and livestock, lost their means of making a living. Forced out of their cottages, they became beggars or farm hands. Many flocked to the growing cities in search of work.



Revolution in the Textile Industry



New inventions: Textile-making was the first British industry to be drastically changed by the Industrial Revolution. Until the 1700’s, merchants bought wool or cotton for workers to spin into yarn to thread and then weave into cloth. Since the workers did their work in their homes, this method of production was called the domestic system, or cottage industry.



In the eighteenth century a number of inventions helped workers make textiles faster. In 1733 John Kay invented a flying shuttle that speeded up the weaving of cloth. James Hargreaves’s spinning jenny, perfected in the 1760’s, made it possible for spinners to turn out thread more quickly.



Both the flying shuttle and the spinning jenny had to be run by hand. Soon, however, inventors found ways to use water power to run textile machines. Richard Arkwright’s water frame, invented in 1769, used water power to run a spinning machine. In 1785 Edmund Cartwright invented a loom that was run by water power.



The new textile machines could turn out such quantities of thread and cloth that manufacturers now needed more raw materials than ever. Cotton fiber was most in demand. In 1793 an American named Eli Whitney found a way to help. He invented a device called the cotton gin, which mechanically tore the fibers from the seeds. Cotton production shot up and by 1820 cotton cloth accounted for almost half of Britain’s expo



The factory system: The new machines not only speeded up the output of thread and cloth but also changed the basic system of production. The machines were too expensive to be owned by individual workers and too large to be set up in farmhouses and cottages, also, they had to be run by water power.



For these reasons, the factory system developed. Factories were built near rivers that could supply water power to run the machines. Large numbers of workers were brought together under one roof. Managers began to use division of labor, having workers perform only one task in making a product. All these changes allowed the factory system to produce goods more quickly, efficiently, and cheaply than was possible using the domestic system.



New Iron-Making Processes



As more machines were used in factories, more iron was needed to build them. In the early 1700’s, however, the British ironmarking industry faced serious problems. The iron ore in Britain had imputies that spoiled the quality of the finished product. The iron was brittle and thus hard to shape .



New methods of production soon revolutionized the iron industry. A breakthrough came in the 1780’s when Henry Cort patented a padding furnace. Iron was reheated in the furnace until the impurities were burned away. The iron was then passed through rollers from sheets . Cort’s process produced iron of better quality and was 15 times faster than the old system.





In the 1850’s industry made another leap forward . Working independently , both William Kelly , an American inventor , and Sir Henry Bessemer , an English engineer , discovered what came to be called Bessemer process. This was a quick and cheap method of marking steel from iron . Because steel is more durable than iron ,. It was soon used in most heavy equipment .



The miraculous Steam Engine

James Watt’s Improvement: As the Industrial Revolution gained speed, inventors looked for new

sources of power. In 1769 James Watt, a Scottish engineer, developed a practical steam engine that burned coal. Steam had been used as a source of power since the early 1700´s, but Watt´s engine wasthe first to use steam efficiently.



In time, all industries came to depend on steam engines.Steam power replaced water power in coal mines, ironworks, and textile plants. Watt´s engine was one of the most important technological breackthrouugs of the Industrial Revolution.





Effect on the transportation industry: In the early 1800´s inventors raced to find a way of using steam power for land transportation. George Stephenson, an English engineer, was the first to develop a practical locomotive. In 1830 Stephenson´s Rocket sped over a railway line connecting the english English cities of Manshester and Liverpool. The rocket zoomed along at 16 miles per houran astonishing speed for the times.



Stephenson´s succes tiggered an age of railway-building all over the world. Railways provided a fast, cheap means of carrying raw materials to factories and shipping manufactured goods to market. As transportation costs fell, manufacturers were able to lower the prices of their goods. This allowed more people to buy them.

Discoveries in Electricity



Technology in the nineteenth century moved from triumph to triumph. Many advances came from the findings of scientists working in researching laboratories. One area of widespread scientific interest was the mysterious force called electricity.



About 1800 Alessandro Volta, an Italian professor of physics, invented the first electric battery. This enabled scientist to make electricity and study it in laboratories. In 1831 Michael Faraday, and English physicist and chemist, produced electricity by moving a magnet through a coil of copper wire. Faraday`s discovery led to the invention of the electric generator, which produced a current that could run machines. The generator allowed factories to use electricity as a source of power.



Effects of Industrialization



In the early years of the Industrial Revolution, Great Britain had tried to keep other countries from learning about its new technology. This effort failed. The Industrial Revolution soon spread throughout the West.



Advances in technology, combined with a boom in the production of coal and iron ore, spurred industrial growth in the United States and Germany. In both countries a rapid rise in population meant that the work force was growing all the time. Expanding industries found plenty of workers to take new jobs. By the late 1800`s the United States and Germany had joined Great Britain as the world`s industrial leaders.



The Industrial Revolution transformed Western Society forever. It created new job opportunities for more and more people. It also helped raise the standard of living –a general measure of quality of life. It the early years, however, rapid industrialization caused severe problems. These were most serious for workers in the new factories and for the growing numbers of poor city dwellers.







Hardships for factory workers: The factory system produced goods efficiently, but workers led hard lives. Wages were generally low, and employment was never secure. During business slumps, employers lowered wages and laid off workers. Sick workers received no pay and were ofthen fired. Elderly workers faced cuts in pay and loss of job. Women earned less than men, and children had the lowest wages of all.



Many parents, needing every bit of income possible, had no choice but to put their children to work. No laws restricted child labor and factories hired children as young as six. Children also toiled in mines, crawling through narrow tunnels to haul heavy loads of coal. Some supervisors beat child workers to keep them awake and alert.



Because many factory owners did not consider safety a important concern, accidents were common. Workers sometimes lost fingers or suffered other injuries because of unsafe machines. Poor lighting, dirt, high noise levels, and smoke and fumes caused other health risks.



Factory work was often dull and repetitive. Works might perform the same task over and over, up to 14 hours a day. The clock, the machine, and the production schedule ruled life on the job. If workers failed to keep up, they were fined or fired.



Grim life in cities: The Industrial Revolution led to rapid urbanization- growth of cities. Farm families that could no longer make a living in the countryside moved to the city to find jobs, others left rural areas in search of higher pay and the excitement of city life. Between 1801 and 1851, for example, the population of the English city of Birmingham grew from 73,000 to 250,000. Liverpool, England, soared from 77,000 to 400,000.



Nineteenth-century cities were not prepared for such a population explosion. Housing, sanitation, and hospital facilities could not keep pace with the growing numbers of people. The crime rate was high, police forces were small, and there was little fire protection. The poor lived in crowded, ramshackle houses. Sometimes a whole family huddled together in one room or even shared a room with another family. Many people had no homes and lives in the streets. Open sewers, polluted rivers, factory smoke, and filthy streets allowed disease to spread. In Britain, about 26 out of every 100 children died before the age of five.



Changing values: In preindustrial England, most people had lived in small villages and farmed the land worked by their families for years. Relatives, friends, and the village church gave them a sense of belonging. This feeling began to disappear as people left their hometowns to move to cities.

The factory system, with its long hours and irregular work schedules, weakened family life. Children and parents often worked in different parts of a factory and on different shifts. Parents thus found in hard to supervise their children. Runaways and abandoned youngsters wandered the streets to every city in Britain. Church attendance dropped in urban areas. To escape from their dreary lives, many men and women turned to alcohol.



The status of older people also changed. In rural areas, older people had much to offer the community. They taught young people about nature and farming; they showed them how to build and repair. In the industrial cities, older people lost some to the authority and respect they had enjoyed. Their experience simply did not apply to city life.



Benefits of industrialization: While the Industrial Revolution disrupted the lives of many people, it also created new opportunities. Factory-made goods were plentiful and priced within the reach of most people. The growing cities offered many chances for advancement, and workers who acquired special skills and education had hopes of entering the growing middle class.

Guerra contra el terrorismo

La guerra de Estados Unidos y Gran Bretaña en Afganistán fue la reacción del primer país ante los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las torres gemelas, y desencadenó una lucha contra el terrorismo que prosigue hasta hoy.

Guerra en Afganistán

    Luego de los atentados a las torres gemelas del World Trade Center y al edificio del Pentágono, el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, definió estas acciones como actos de guerra y declaró que cualquier Estado que apoyara o diera refugio a los terroristas sería considerado hostil, iniciando, de esa manera, su lucha internacional contra el terrorismo.

Uno de los países que cabía en esta descripción era Afganistán, que albergaba y protegía al grupo terrorista Al Qaeda, liderado por el multimillonario saudí Osama Bin Ladeny acusado de los atentados en Estados Unidos. Bush exigió al gobierno talibán de Afganistán, presidido por el mulá Mohamed Omar, que entregara a los integrantes de Al Qaeda y que le diera pleno acceso a los campamentos terroristas escondidos en su territorio.

Como no hubiera respuestas a sus demandas, Estados Unidos y Gran Bretaña comenzaron a bombardear la capital de Afganistán, Kabul, el 7 de octubre de 2001, y otras ciudades como Kandahar y Jalalabad.
La operación, bautizada primero como Justicia Infinita y luego como Libertad Duradera, contó con el apoyo de la comunidad internacional.

Ataque aéreo
El portaaviones USS John F. Kennedy y la compañía aérea Ala Siete, participaron frecuentemente en la operación Libertad Duradera. El portaaviones USS John F. Kennedy y la compañía aérea Ala Siete, participaron frecuentemente en la operación Libertad Duradera.
Durante el conflicto, lo primero que los afganos vieron caer sobre su territorio fueron alrededor de 50 misiles crucero Tomahawk y bombas guiadas de alta precisión. Los explosivos fueron lanzados desde quince bombarderos B-1, B-2 y B-52, y desde 25 cazabombarderos.
Estos bombardeos, más las armas y el asesoramiento de Estados Unidos, facilitaron, en solo 40 días, el avance hacia Kabul de los integrantes de la Alianza del Norte, que era una coalición de etnias opositora a los talibanes, constituida en su mayoría por pashtunes, además de tayicas, uzbecos y hazaros.
Luego de la caída de Kabul, la capital espiritual de los talibanes, Kandahar fue la siguiente en ser controlada por las fuerzas opositoras, en diciembre de 2001, y, posteriormente, el complejo de galerías subterráneas de Tora Bora, donde se suponía que se habían refugiado los miembros de Al Qaeda, incluido el propio Osama Bin Laden.

El primer ataque terrestre de las fuerzas occidentales sobre Afganistán fue liderado por los Ranger del Ejército de Tierra estadounidense, más otras unidades de elite. Estas fuerzas capturaron a Abdul Salam Zaef, ex embajador afgano talibán en Paquistán, y a Ibn al Shaykh al Libi, un libio que tenía a su cargo los campamentos de Al Qaeda en Afganistán. Además, el egipcio Mohamed Atef, mano derecha del saudí, fue muerto durante un bombardeo.

Sin embargo, nunca se pudo capturar al mulá Omar ni a Osama Bin Laden, principales objetivos de Estados Unidos, a pesar de que los estadounidenses ofrecieron por este último una recompensa de 25 millones de dólares.

La ofensiva militar estadounidense fue también aprovechada para probar armas y material bélico de última generación. Misiles más inteligentes, aviones espía ultrarrápidos y hasta cascos con cámara de video fueron usados en los ataques contra los campamentos de los grupos islámicos radicales.

Irak en la mira

Un helicóptero sobrevuela un campo petrolero destruido en Irak. Un helicóptero sobrevuela un campo petrolero destruido en Irak.
Luego de la guerra contra Afganistán, los ojos de Estados Unidos se dirigieron hacia Irak, mencionado junto a países como Corea del Norte e Irán "y sus aliados terroristas" como integrantes de un "eje del mal que se arma para amenazar la paz del mundo", según palabras de Bush.

Asimismo, el mandatario estadounidense impulsó la teoría de la "guerra preventiva", que consistía en utilizar la fuerza militar allí donde "fuera necesario para defender nuestra libertad y nuestras vidas". Este nuevo concepto le permitía invadir cualquier territorio que considerara un peligro para la seguridad de Estados Unidos. Condoleezza Rice, consejera de seguridad de Estados Unidos, afirmó que "no podemos permitirnos el lujo de no hacer nada sobre Irak".

Sin embargo, a diferencia del conflicto en Afganistán, esta actitud de Estados Unidos no contó con el apoyo de la ONU y del resto del mundo, a excepción de países como España e Inglaterra. El Primer Ministro de esta última nación, Tony Blair, aseguró, sobre la base de un informe de inteligencia que no presentaba pruebas concretas, que Irak había desarrollado planes para usar armas químicas y biológicas.
Entretanto y luego de varias negociaciones, Saddam Hussein, dirigente máximo del partido gobernante Baas y Presidente de Irak, aceptó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que lo presionaba para que dejara ingresar a su país a los inspectores de armas de la ONU.

Pero Collin Powell, secretario de Estado de Estados Unidos, presentó en febrero de 2003, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, una serie de grabaciones telefónicas, imágenes satelitales e informes de inteligencia tendientes a demostrar que Irak escondía armas de destrucción masiva, continuaba sus contactos con Al Qaeda y engañaba a los inspectores.

Pero unas semanas más tarde, un nuevo informe de los inspectores de la ONU, presididos por Hans Blixy el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohamed el Baradel, insistió en que no se habían hallado armas de destrucción masiva en Irak. Solo se habían encontrado misiles Al-Samoud 2, que violaban las restricciones impuestas después de la primera Guerra del Golfo (1991) y que Irak había comenzado a destruir. Pero Estados Unidos declaró que eso era insuficiente y que ahora buscaba no solo el desarme del país de Asia Menor, sino que el cambio de régimen político.

Refugiados y elecciones

Hamid Karzai Hamid Karzai
Como consecuencia de los bombardeos aliados, cerca de un millón de afganos huyó hacia los países limítrofes. Para suavizar en algo esta situación, durante la primera etapa de la ofensiva, junto a los misiles fueron arrojadas alrededor de 35.000 raciones de alimentos y medicinas, con la leyenda “Un regalo del pueblo americano” en inglés, francés y español.

La caída del régimen talibán, el 6 de diciembre de 2001, animó el regreso de más de 800.000 refugiados a Afganistán, de acuerdo con las cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). La mayor parte de ellos, casi 600.000, retornó desde Pakistán; el resto lo hizo desde Irán y Tayikistán.

El 22 de diciembre de 2001 se creó un nuevo gobierno de 30 miembros, representativo de las etnias del país, y que asumió sus funciones bajo la conducción del pashtún moderado Hamid Karzai, elegido por la Loya Jirga, la asamblea que agrupa a todos los clanes afganos.

Los dirigentes afganos también aceptaron que 5.000 soldados pertenecientes a una fuerza multinacional se quedaran en Kabul para vigilar el proceso de transición del país, cuya reconstrucción fue asumida por Europa. Mientras tanto, los primeros prisioneros talibanes eran conducidos a la base militar americana de Guantánamo en Cuba, donde las condiciones de extrema seguridad a las que han sido sometidos, han generado una serie de críticas de la comunidad internacional.

En el plano político, en noviembre de este año (2004), Karzai fue elegido como Presidente de Afganistán, en las primeras elecciones por sufragio universal que se realizaron en la historia de ese país.

La guerra

Numerosos iraquíes participaron en el derribo de la estatua de Saddam Hussein, cuando cayó Bagdad en la segunda Guerra del Golfo. Numerosos iraquíes participaron en el derribo de la estatua de Saddam Hussein, cuando cayó Bagdad en la segunda Guerra del Golfo.
A pesar de las multitudinarias manifestaciones anti bélicas en la mayoría de las principales ciudades del mundo, y de que Blix sólo pedía algunos meses para terminar su trabajo inspectivo, el 17 de marzo de 2003 Bush dio 48 horas a Hussein (quien tampoco había contribuido a calmar los ánimos con sus encendidas declaraciones anti estadounidenses) para abandonar el país junto a su familia. El ultimátum fue rechazado y la ONU evacuó a sus inspectores y al resto de su personal.

El 20 de marzo se inició el bombardeo sobre Bagdad, la capital de Irak, comenzando la segunda Guerra del Golfo, entre ese país y una coalición formada por Estados Unidos e Inglaterra más algunos aliados menores (España, Marruecos y Palau, entre otros).

Durante los primeros dos días cayeron más de tres mil misiles en la zona.
Más tarde, con el apoyo de los británicos, 90.000 soldados estadounidenses invadieron Irak y rodearon sus principales ciudades. Al contrario de lo que se creía, la resistencia del ejército iraquí, compuesto por alrededor de 390 mil soldados y de las milicias fedayines, fue débil. El 9 de abril de 2003 fue derribada en Bagdad una gigantesca estatua de Hussein por un grupo de bagdadíes, con la ayuda de los estadounidenses, y el 14 de abril caía Tikrit, ciudad natal de Hussein y último bastión del régimen.

Pero el fin del conflicto no trajo la paz, ya que sangrientos atentados atribuidos a seguidores de Saddam Hussein mataron a más iraquíes y soldados de la coalición que durante la campaña bélica. Sólo desde el final de la guerra han muerto cerca de 800 soldados y, aproximadamente, 8.000 civiles iraquíes.

Tampoco se capturó de inmediato a Hussein y su familia, ya que este y varios líderes iraquíes lograron escapar. Sin embargo, algunos de los dirigentes se entregaron cuando el comando militar de la coalición difundió una lista con los 55 más buscados para capturarlos o matarlos. Además, a fines de julio, los dos hijos de Hussein, Qusay y Uday, murieron durante un enfrentamiento con las tropas estadounidenses en una casa en Mosul, donde se ocultaban. Pero sólo en diciembre Saddam Hussein fue capturado.

La última acción militar importante después de la caída de Hussein fue la operación bautizada como Furia Fantasma, donde participaron cerca de 10.000 soldados norteamericanos y 2.000 iraquíes. Este operativo comenzó el 9 de noviembre pasado (2004) y su objetivo fue tomar el control de la ciudad de Falluja, uno de los postreros refugios de los sunnitas leales a Hussein y donde se cree que se escondía el terrorista jordano Abu Musab al-Zarqawi, presunto responsable de muchas de las decapitaciones de rehenes extranjeros, ocurridas últimamente y uno de los principales dirigentes de Al Qaeda.

Repercusiones

Iyad Allawi Iyad Allawi
La coalición anglo-norteamericana tomó el control de la política interna de Irak y disolvió el partido Baas. Luego nombró un consejo de gobierno transitorio de 25 miembros, donde la mayor representación correspondió a la comunidad chiíta, ya que los practicantes de esta corriente del islamismo constituyen el 60 por ciento de la población de Irak. Pero durante el gobierno de Hussein (de la minoría sunnita) habían sido duramente reprimidos.

El 8 de junio de este año (2004) asumió un gobierno provisorio iraquí, encabezado por el primer ministro Iyad Allawi y el Presidente interino Ghazi al Yawar. El 30 de enero de 2005 se realizarán elecciones para elegir una Asamblea Nacional encargada de redactar la nueva Constitución, la cual se someterá a aprobación en un referéndum nacional posterior y, en diciembre del mismo año, se efectuarán elecciones presidenciales y legislativas.

Sin embargo, el poder de la actual administración iraquí está limitado por la presencia de 165.000 soldados extranjeros, 138.000 de ellos estadounidenses, aparte de que numerosos puestos administrativos son ocupados por consejeros dependientes de organismos extranjeros.

Por otra parte, la conclusión final de los inspectores de la ONU fue que no se pudo demostrar la existencia de armas de destrucción masiva en Irak o de algún plan tendiente a su construcción.

Jacobinos y Girondinos

    En la Asamblea Nacional existían dos sectores, ambos pertenecientes a la burguesía  y coincidentes en la lucha contra el rey, la nobleza e imponer los principios liberales, pero distanciados con respecto a sus intereses y los medios para lograr sus objetivos.

    Los empresarios y grandes comerciantes que integraban la gran burguesía, llamados girondinos, por provenir de una zona situada al sur de Francia, denominada Gironda, eran moderados, contaban con el apoyo de las provincias y consideraban prudente hallar un acuerdo con la monarquía y la nobleza, limitando el poder real, pero sin permitir el derecho a voto a las clases pobres, que no pagaban impuestos. La razón era el temor de este sector burgués, que había alcanzado gran prestigio, de perder sus privilegios por obra de los movimientos populares.

   El otro sector, era el de los jacobinos, nombre proveniente de sus reuniones en el convento de la orden de los jacobinos, extremistas, duros y muy bien organizados, respaldados por el Consejo y el pueblo de París. Estaba principalmente integrado por profesionales y modestos propietarios que querían abolir definitivamente la monarquía y proclamar una República democrática, con derecho a voto para todas las clases sociales.

     El primer sector se colocaba para deliberar, a la derecha en la Asamblea, el segundo, a la izquierda, y de allí proviene la posterior división entre partidos de derecha y de izquierda, según sean conservadores en su accionar político o propongan medidas tendientes a cambios profundos y violentos.

   Los girondinos se consagraron triunfantes en octubre de 1791, cuando la Asamblea, por poseer mayoría entre sus miembros, sancionó la primera constitución, que imponía una monarquía parlamentaria, donde los miembros del Parlamento serían elegidos por las clases adineradas. El Rey continuaba en el poder con límites en sus atribuciones.


   girondinos y jacobinosSin embargo, esta situación varió sustancialmente entre 1792 y 1794, cuando los jacobinos, con ayuda de los Sans Culottes, trabajadores urbanos, tomaron el poder e impusieron el terror.

Liderados por Maximiliano Robespierre y Danton, crearon  tribunales populares que juzgaban y condenaban a muerte a todos los opositores de la revolución: el Rey, María Antonieta, sacerdotes y miembros de la nobleza fueron guillotinados, aunque luego, los propios líderes revolucionarios corrieron la misma suerte al ser acusados y condenados por aspirar a una dictadura personal.