El Chile de los tres tercios
Las principales tendencias políticas del país, que pueden identificarse como de centro, izquierda y derecha, dieron origen, hacia fines de los años cincuenta, a un fenómeno que se denominó el de “los tres tercios electorales”. Esto quería decir que los votos de los electores tendían a concentrarse en cada una de estas tres tendencias, obteniendo cada una de ellas una cantidad de votos similares, que bordeaba el 30%.
De esa forma, el sistema político fue capaz de alternar distintos proyectos generales de sociedad, representados por los presidentes Jorge Alessandri Rodríguez, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende Gossens.
La tripartición del escenario político derivó en que, entre 1958 y 1970, cada una de las tres elecciones presidenciales que hubo fuese muy reñida, saliendo victorioso candidatos que obtenían un pequeño margen de votos por sobre sus contrincantes. Cuestión más sensible aún, considerando que en algunos casos sus programas de gobiernos suponían importantes reformas sociales.
La situación descrita se vio principalmente reflejada en las elecciones presidenciales de 1958 y de 1970, tal como puede observarse en el siguiente cuadro:
Resultados elecciones presidenciales 1958 - 1970
Porcentaje de los votos Tendencia política Porcentaje derecha Porcentaje centro Porcentaje izquierda
Elecciones de 1958
Jorge Alessandri R. 31,6 Derecha
Eduardo Frei M. 20,7 Centro
Luis Bossay 15,5 Centro 31,6 36,2 32,2
Antonio Zamorano 3,3 Independiente
Salvador Allende 28,9 Izquierda
Elecciones de 1964
Julio Durán 5 Derecha
Eduardo Frei M. 56,1 Centro 5 56,1 38,9
Salvador Allende 38,9 Izquierda
Elecciones de 1970
Jorge Alessandri R. 34,9 Derecha
Radomiro Tomic 27,8 Centro 34,9 27,8 36,3
Salvador Allende 36,3 Izquierda
Respecto a la elección presidencial de 1958, cabe hacer notar que se presentaron dos candidaturas que pueden ser consideradas de “centro”: la del demócrata cristiano Eduardo Frei y la del radical Luis Bossay. En cuanto a Antonio Zamorano, conocido en la época como el “cura de catapilco”, se trató de un candidato independiente que, con un discurso popular o populista, intentó restar votos a la candidatura de salvador Allende, con el fin de restarle posibilidades de ser elegido; de allí que, dado su discurso electoral, se le pueda considerar como votación de “izquierda”.
Los porcentajes de la elección de 1964, merecen también un comentario. Ante un probable triunfo de Salvador Allende, la derecha decidió, poco antes de la elección, dar su apoyo a Eduardo Frei, dejando prácticamente sin base electoral a su candidato original, Julio Durán. Ello explica que Frei haya sobrepasado el 50% de los votos y el bajo porcentaje del candidato de derecha; de cualquier modo, las cifras confirman la teoría de los “tres tercios”.
Cada uno de los “tres tercios” que existió en Chile en los años sesenta e inicio de los setenta, llevó a la formulación de proyectos de país diferentes, que daban distintas respuestas a los problemas sociales, económicos y políticos de la época. Cada sector pensaba que tenía las mejores soluciones para enfrentar los problemas y soñaba con un Chile diferente al que existía y al que ofrecían sus opositores. Todos ejercían el derecho a imaginar y proponer proyectos de desarrollo para el país. Este derecho era respetado. En quince años, como veremos, cada sector –la derecha, el centro y la izquierda- tuvo la posibilidad de poner en práctica sus proposiciones, accediendo sucesivamente al gobierno por medio de elecciones democráticas, libres e informadas.
Antecedentes del periodo
Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva la Democracia Cristiana era mayoría en el Parlamento, los partidos Conservador y Liberal fueron desapareciendo del mapa, estas agrupaciones fundadoras de la república y del establecimiento del orden jurídico. Optaron por fusionarse en el Partido Nacional.
En 1969, la radicalización del sistema político y el empeño de Frei Montalva de mantener una política moderada, provocó la inevitable ruptura de la DC. El ala izquierda, encabezada por Rafael Agustín Gumucio, se alejó y formó el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), agrupación que tuvo un protagonismo importante en el próximo gobierno.
Se produce el acuartelamiento de Regimiento Tacna, bajo el mando del general Viaux, jefe de la primera división del Ejército. Su objetivo obtener del Ejecutivo el siempre postergado mejoramiento de las rentas de las FF.AA., la destitución del Ministro de Defensa y del Comandante en Jefe de Ejército, general Sergio Castillo. Asume el general René Schneider.
Los candidatos a las elecciones presidenciales de 1970, estuvieron Jorge Alessandri Rodríguez por el Partido Nacional y la Democracia Radical, Radomiro Tomic por la Democracia Cristiana y Salvador Allende por la Unidad Popular (UP), y que propulsaba un programa básica de 40 medidas de cambio para el país, con gran activación participativa del pueblo en cada una de ellas. Efectuando el acto eleccionario, Allende obtuvo el 36,3 %, Alessandri el 34,98 % y Tomic el 27,84 % de los votos. No había mayoría, por el cual el Congreso debía resolver. El 22 de octubre, faltando dos días para la reunión del Congreso pleno es asesinado el General René Schneider, por un grupo de ultraderecha.
La DC y la UP, los primeros aceptaron esta candidatura a cambio de la aceptación de Allende de un Estatuto de Garantías Democráticas, llegó el veredicto final su de 135 votos para Allende contra 35 de Alessandri.
Gobierno de Salvador Allende Gossens 1970 – 1973
“Vía chilena al socialismo” - “Revolución con sabor a empanada y vino tinto”
1.- Economía:
En 1971 la economía chilena alcanzó los siguientes logros: la tasa anual de crecimiento del P.G.B. Llegó al 8,0 %. La inflación disminuyó de 36,1 % en 1970 al 22,1 % en 1971. El desempleo, por su parte, registró una importante caída al 3,8 %. Los salarios medios reales aumentaron en 22,3 %. Todo esto se hacía bajo el Plan Vuskovic, en referencia al apellido de su Ministro de Economía.
Tales medidas económicas se apoyaron sobre todo en controles generalizados de precios. Hubo controles de precios en el sector privado y la congelación de tarifas y precios en el sector público.
Se puede afirmar que el gobierno de la UP obtuvo el control directo de los diferentes eslabones de la cadena generada entre la producción y el consumo, a través de numerosos cambios de carácter netamente institucional. Se ampliaron las funciones fiscalizadoras de las agencias públicas de comercialización y control que ya existían creándose, al mismo tiempo, otras nuevas; también se estatizaron las principales firmas privadas mayoristas y de carácter distribuidor, lo cual fue creando un clima de alarma en los sectores más acomodados, como si presagiaran el peligro que acechaba sus intereses.
A fines de 1971, existían en la atmósfera nacional demasiadas señales que apuntaban hacia una aceleración significativa de la inflación en 1972: el gran incremento de la oferta de dinero, el alto déficit fiscal, el nuevo reajuste de salarios en enero de 1972, el agotamiento de los abastecimientos y existencias, la fuerte contracción de las reservas internacionales y la aparición del mercado negro para muchas mercaderías, fueron elementos que nutrieron poco a poco la bomba de tiempo en que se estaba convirtiendo la economía nacional. Se sumó a esta inestabilidad y escasez, la presencia devastadora de la naturaleza: el 20 de junio de 1971, violentos temporales de lluvia, nieve y viento azotaron la zona central del país (especialmente las provincias de Valparaíso, Santiago y Rancagua). Días después (el 8 de julio), un devastador terremoto afectó crudamente a las provincias de Coquimbo, Aconcagua, Valparaíso y Santiago, causando cuantiosos daños.
En el frente externo, la gran apreciación del tipo de cambio condujo al contrabando de exportaciones de todo tipo de bienes transables. A su vez, el bloqueo comercial de Estados Unidos tiene como secuela una demanda menor nuestros productos por parte de este país (entre 1968 – 1970 de una exportación por 185 millones de dólares promedio anual, se bajó a 87 millones en 1971 – 1973), por lo cual hubo que orientar nuestras exportaciones hacia Europa, Japón y los países latinoamericanos.
Las reformas estructurales constituyen sin lugar a dudas el factor distintivo del gobierno de la UP. El diagnostico de la economía chilena señalaba cuatro características estructurales que había que corregir: capitalista, dependiente, oligárquica y monopólica, la solución pasaba entonces por corregir de manera total la estructura. Es la llamada estatización de la economía chilena.
El sector de actividades nacionalizadas abarcaría la gran minería del cobre, salitre, yodo, hierro y carbón mineral. El sistema financiero del país, en especial la alicaída banca privada y de seguros pasará a controlar el 90% de la capacidad crediticia del sistema. El comercio exterior, junto a las grandes empresas y los monopolios de distribución, también pasaron a formar parte de las actividades nacionalizadas. Los monopolios industriales estratégicos llegaron a controlar el 60 % del producto nacional a través de 415 empresas. En general, eran aquellas actividades que condicionaban el desarrollo social y económico de la nación, tales como la producción y distribución de la energía eléctrica, el transporte ferroviario, el marítimo y el aéreo, las comunicaciones, la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados, incluyendo el gas licuado, la siderurgia, el cemento, la petroquímica y la química pesada, la celulosa y el papel.
a) Nacionalización del cobre: Como corolario de lo anterior debemos decir que sólo un mes después de asumir (diciembre 1970), el gobierno de la UP envió al Congreso un proyecto de reforma constitucional que nacionalizaba la gran minería del cobre; cabe recordar que este sector no contaba con una mayoría en el Congreso. La lógica de envió de este proyecto de reforma constitucional en vez de una ley ordinaria, residía en el hecho de que el primero permitía al gobierno llamar a un plebiscito en caso de ser rechazado en el Congreso.
Una reforma constitucional enfatizaba además la envergadura de la decisión planteaba en la nacionalización de la gran minería del cobre (Allende consideraba al cobre como “el sueldo de Chile” y a su nacionalización como la segunda independencia del país), junto con ser una clara señal al gobierno de los Estados Unidos de que la nacionalización contaba con un amplio respaldo nacional. El Congreso pleno aprobó por unanimidad la nacionalización de dicho mineral, en julio de 1971. El decreto constitucional de nacionalización establecía que el Estado era el único dueño (absoluto y exclusivo) de todos los minerales del territorio chileno, y declaraba automáticamente nulos todos los contratos previamente establecidos en la gran minería del cobre. Se estableció además un mecanismo de compensación a las empresas norteamericanas (Anaconda y Kennecott). Quedaba ahora en desafío de manejar eficientemente es gran empresa.
b) Reforma Agraria: Para el gobierno de la Unidad Popular, la continuación de la Reforma Agraria era crucial en la transformación de una sociedad capitalista subdesarrollada, a una economía socialista (Allende la llamaba “el pan de Chile”). Esto implicaba la expropiación de todos los latifundios, pero también que el grueso del sector agrario debía de estar en manos del Estado o bien de cooperativas campesinas o cooperativas de consumidores. Utilizando el cuerpo legal del gobierno de Eduardo Frei Montalva, en el primer año de gobierno de Allende se expropió casi el mismo número de fundos que en todo el gobierno anterior. A pesar de las expropiaciones ilegales (tomadas por grupos de guerrilleros del MIR o miembros de la UP más extremistas, en ocasiones de forma muy violenta), el grueso de la Reforma Agraria se realizó a través de la legalización vigente.
2.- Educación
Se puede afirmar que la educación pre – escolar creció. Se inauguraron 122 jardines infantiles. En cuanto a la Enseñanza Básica, hacia fines de 1972, el Estado mantenía 6.870 escuelas con 2,3 millones de alumnos; ello señalaba que más de un 80% de la población de niños chilenos entre los 6 y 14 años recibió la denominada educación mínima, aunque no los ocho años que representaba el ciclo. A estos alumnos se le proporcionaron 6,5 millones de textos escolares.
La educación media creció en 31.000 alumnos hacia 1972, y la universidad –gratuita- también subió considerablemente. Sin embargo, todo esto disparó los presupuestos educacionales, con el agravante de que la agitación política y las frecuentes huelgas conspiraron para que estas cifras no se viesen respaldadas con un progreso educacional real.
Pero sin embargo, quizás la obra más importante del gobierno de la UP, por el sentido de cambio estructural que representaba, fue la Escuela Nacional Unificada (ENU), proyecto que pretendía estructurar la educación nacional sobre patrones culturales comunes con base a un concepto de la sociedad de índole eminentemente socialista. Se buscaba con ello potenciar la homogeneidad e igualdad de oportunidades para todos los habitantes en este plano.
3.- Relaciones Exteriores
Para la comunidad internacional, sobre todo la izquierda, el triunfo de la UP y de Allende significó una gran esperanza. Era el primer intento de llegar al socialismo sin pasar por un cambio radical, revolucionario, violento y todas las aflicciones que ello conllevaba. En nuestro país las reformas no eran impuestas desde el extranjero, sino que nacían desde dentro.
Con nuestros vecinos limítrofes no se tuvo mayores conflictos, pero los que estaban vigentes continuaron siéndolo, en especial el referente al Canal Beagle. De todas formas, se mantenían buenas relaciones diplomáticas y comerciales son el gobierno del general Alejandro Lanusse.
Mención aparte merece la extensa visita (que se prolongó cerca de un mes) que sostuvo el gobernante cubano Fidel Castro en noviembre de 1971, lo que se interpretó como un claro intento de hacer de Chile una segunda Cuba. Dos naciones hermanas, cuya hermana mayor era la Unión Soviética. Aparte de Cuba, el gobierno establece también relaciones diplomáticas con Corea del Norte, Vietnam, Hungría y la República Democrática de Alemania (RDA).
4.- Política Interna
A comienzos de la década de los 70, los procesos de reforma agraria, el camino emprendido por el Partido Demócrata Cristiano, (que se localizaba entre un programa social cuasi revolucionario y un programa económico reformador), y el triunfo de la izquierda en las elecciones presidenciales de aquel año, hicieron sentirse a las élites chilenas al borde de un abismo sin retorno.
El abismo se debía sobre todo a que el gobierno de la Unidad Popular pretendía provocar reformas a las estructuras nacionales de carácter social, político y económico, empleado para esto al mismo Estado: tal visión excluía a las otras visiones políticas.
Se puede afirmar que desde la década del 50, tres tendencias políticas muy marcadas venían planteándose con progresiva nitidez en la vida política chilena: una Derecha Conservadora, sin voluntad de cambios reales; una tendencia de Partidos de Centro Político que poco a poco se cargaba hacia ideas más izquierdistas y progresistas representado por la Democracia Cristiana; y una Izquierda netamente marxista.
El gobierno de la Unidad popular lo integraban cerca de seis coaliciones políticas diversas, que iban desde el moderado Partido Radical hasta el ala leninista del Partido Socialista, la que privilegiaba la vía armada por sobre la pacífica. Esta postura era apoyada por el MIR, quien por sus tendencias violentistas permanecía fuera del gobierno. Por su parte, el Partido Comunista, más el recién mencionado Partido Radical y ciertos sectores del Movimiento de Acción Popular (MAPU) y de la Izquierda cristiana, intentaron continuar actuando mediante los resquicios legales e instaurar la llamada vía chilena al socialismo.
Allende y el gobierno estaban más cerca de la segunda postura, la cual también se afianzaba en el Plan Vuskovic, plan que les permitiría controlar políticamente Chile, como a su vez consolidar una economía de rasgos claramente socializantes.
Sin embargo no se logró controlar al ala radicalizada de la coalición gobernante, que muchas veces insistió en la vía armada y violenta, manifestándose en toma de terrenos agrícolas y urbanos, tomas de fábricas, formación de milicias para militares, para concluir con un intento de infiltración en las Fuerzas Armadas. En general, hubo una falta de sentido de la realidad que no les permitió captar las profundas diferencias existentes entre países como Chile, Cuba, La Unión Soviética y China. Este elemento violentista quedó reflejado en el asesinato del ex ministro y ex vicepresidente Edmundo Pérez Zujovic, al que dieron muerte a balazos (8 de junio de 1971), responsabilizándose la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP) de este cruel hecho, agrupación emergida desde el MIR.
Allende comenzó a buscar un entendimiento con la DC para ver el modo de solucionar el problema de las áreas de la economía. Nada consiguió, porque la grave situación de violencia que vivía el país había endurecido a la coalición de todos los partidos de oposición: Partido Demócrata Cristiano (PDC), Partido Nacional (PN), Partido de Izquierda Radical (PIR) y Partido Democracia Radical (DR), agrupados en la Confederación Democrática (CODE).
Hacia los meses finales de 1972, los transportistas, seguidos por otros gremios de pequeños empresarios y trabajadores privilegiados como los de la gran minería del cobre, temiendo por su capital de trabajo o sus beneficios sociales y salariales, decidieron detener indefinidamente sus actividades e ir a huelga. Era el Paro de Octubre, que comenzó por los camioneros, sobre los cuales pasaba el peligro de estatización de las actividades, y por los almacenes y los dueños de establecimientos comerciales que iban en vías de extinción. El paro, en el cual prevalecieron los elementos de la clase media, duró 24 días (11 de octubre a 5 de noviembre). Fue la rebelión general contra el gobierno, que insistía en eliminar toda actividad privada en los transportes, en el comercio y en las profesiones. Fue un paro mayoritariamente “empresarial y profesional”. Entretanto, este mismo año. Chile es sede de las deliberaciones de los Estados en vías de desarrollo, construyéndose el edificio de la UNCTAD, especialmente para la ocasión.
Luego, buscó una salida a través de la formación de un gabinete cívico-militar. Este gabinete lo presidió el general Prats.
En las elecciones parlamentarias de 1973, el CODE obtuvo una minoría fuerte y activa (43%). A fines de marzo, Allende reemplazó al gabinete cívico-militar por otro integrado totalmente por civiles. Salieron los militares y entraron los socialistas.
Por su parte los militares, que fueron incorporados al gobierno en aquel año, habían estado ausentes de las lides políticas desde aproximadamente 1932, pero la situación crítica que estaba viviendo el país los hizo cambiar desde una postura pasiva hacia una postura activa.
El pensamiento militar imbuido dentro de un arraigado nacionalismo y anticomunismo, el cual veía como una amenaza hacia la soberanía por sus tintes de internacionalista.
En agosto de 1973 la Cámara de Diputados, liderada por el demócrata cristiano Luis Pareto, acordó por mayoría -de oposición- representar al gobierno y a las Fuerzas Armadas por el “grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República”, muestra de lo extrema y alarmante que era la situación. Paralelamente el país seguía con nuevos encuentros de armas; es asesinado en una oscura asonada el edecán naval de Allende; estalla la huelga del mineral El Teniente; paralización del país por parte de colegios profesionales, transportistas, el comercio, amplios círculos de artesanos, obreros y hombres de trabajo.
Luego, el denominado “tanquetazo”, episodio encabezado por el coronel Roberto Souper, quien, con cerca de una docena de tanques, intentó rescatar desde el edificio del Ministerio de Defensa a algunos oficiales que estaban detenidos por motivos políticos y de paso, al parecer, derribar al gobierno tomándose el Palacio de La Moneda. Ante esto, el general Carlos Prats, Comandante en Jefe del Ejército, renunció, pues había perdido la confianza del alto mando de su institución. En reemplazo, el gobierno nombró al general Augusto Pinochet.
Mientras las calles de Santiago y otras ciudades eran escenario de combates, casi a diario, a piedras y palos entre partidarios y adversarios del gobierno, la Iglesia Católica se mostraba profundamente preocupada por el estallido que se veía venir con demasiada intensidad. De este modo, el arzobispo de Santiago, Raúl Silva Henríquez, intentó dar una salida al angustioso drama por el cual se atravesaba. Así, logró que se iniciara un efímero diálogo entre el presidente Demócrata Cristiano y Presidente del Senado, Patricio Aylwin Azócar, y el Presidente Allende, con el fin de llegar a un acuerdo sobre algunos puntos fundamentales, entre los cuales destacaba una reforma la Constitución que consagraba jurídicamente a las tres áreas de la economía, el futuro de la ENU, la contención de la violencia y las tomas callejeras. Finalmente el dialogo fracasó, quedando la situación madura para una intervención militar. El dirigente socialista Carlos Altamirano, presidente a la sazón de aquel conglomerado político, daría pretexto a los uniformados al fomentar una insurrección en la Armada en el mes de agosto y después reconocerlo públicamente. Al Presidente Allende se le había escapado la situación de las manos, ya no gobernaba. Su deposición y dramática muerte fue el epílogo trágico de una gestión desafortunada.
El día 11de septiembre de 1973, La Moneda sufrió las embestidas de los aviones Hawker Hunter. Fue bombardeada como nunca antes en su historia; pero por sobre todo, fue la muestra de cómo una de las democracias más estables de todo el continente se desmoronaba. La concreción de una utopía concluía en tragedia.
Inmediatamente se constituyó una Junta Militar de Gobierno (cuya sede fue el edificio Diego Portales, ex UNCTAD) integrada por los Comandantes de las Fuerzas Armadas y de Orden. Augusto Pinochet en representación del Ejército, José Toribio Merino, en representación de la Armada, Gustavo Leigh por la Fuerza Aérea y César Mendoza por Carabineros.
lunes, 9 de abril de 2012
Guía de trabajo nº1: ¿Por que cayó el socialismo real en Europa?
Esteban Valenti, Periodista. Coordinador de Bitácora. Uruguay.
Fuente: www.rebelion.org
El socialismo, las democracias populares y el socialismo federal yugoslavo, cayeron casi simultáneamente. Existían notorias diferencias entre ellos, pero similitudes de fondo. Cayó la Unión Soviética y todos los países que la integraban, cayó Polonia, la República Democrática Alemana, Bulgaria, Rumania, Checoslovaquia, Albania, Hungría y Yugoslavia. La URSS se fraccionó en diversas repúblicas, lo mismo ocurrió con Yugoslavia y Checoslovaquia. A pesar de que la URSS incluía repúblicas asiáticas es notorio que el nacimiento y la dirección nacional se situaba en Europa, en Rusia.
Algunos lo llaman el “socialismo real”, otros “el mal llamado socialismo real” pero hay una afirmación que es incuestionable, el derrumbe fue un fenómeno esencialmente europeo, con consecuencias directas en los países africanos (ex colonias europeas) donde existían gobiernos nacionalistas, con fuerte influencia socialista. No queda ninguno o los que quedan son irreconocibles.
Nadie puede afirmar que estaban regidos por un único centro: la Unión Soviética. Había países alineados con la URSS, pero ni Yugoslavia, ni Albania compartían en absoluto sus posiciones, incluso Rumania mantuvo en los últimos años una posición discrepante, distante del resto de los países del Pacto de Varsovia y se aproximó al euro comunismo.
Los países que todavía se llaman al socialismo “real” son actualmente China, Vietnam, Cuba y Corea del Norte. Todos diferentes en su modelo económico y con profundas diferencias también en sus posiciones políticas.
Sobre la caída de los países socialistas en Europa se ha escrito mucho, nosotros aportaremos un granito de arena; muchas más preguntas que respuestas. ¿Se cayeron por causas económicas, por una creciente contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas? No.
En ninguno de los casos se produjeron graves crisis económicas, hambrunas, carestías, inflaciones explosivas, ni nada conexo ni anexo. Aunque las causas económicas estuvieron sin duda presentes, éste no fue el factor fundamental, ni el factor desencadenante. Una de las paradojas es que el país que registraba los mejores niveles de crecimiento y desarrollo entre los países socialistas - la RDA - fue donde se prendió la última mecha que luego implosionó todo el sistema.
La caída del muro la asumimos todos como el derrumbe del sistema; en realidad, todo comenzó a tambalearse cuando se construyó el muro. El de cemento pero sobre todo los otros muros.
Cayó por causas políticas
Las causas del desmoronamiento fueron políticas. El socialismo en Europa se derrumbó por graves y sucesivas crisis políticas que no fue capaz de afrontar, que desmoronaron el sistema y que mucho tenían que ver con la contradicción creciente entre sus valores originales y su realidad social y política, en el momento del derrumbe. La base de esas crisis políticas generalizadas que surcaron todos los países a pesar de las diferencias antes mencionadas, fueron el fracaso cultural y la derrota cultural frente a las ideas del capitalismo, el otro polo de la fractura planetaria y continental.
Las sociedades socialistas de Europa entraron en crisis porque sus ciudadanos ya no creían en el socialismo y consideraban - en forma confusa y muchas veces contradictoria - que el “otro” sistema, el capitalismo que gobernaba el resto del continente y del mundo, era mejor. Aún con todos los matices y las diferencias y particularidades nacionales, si no se asume esta realidad no puede entenderse todo el proceso posterior, ni siquiera la actualidad en esos países.
Si no se asume e incorpora esta realidad no se puede entender cómo países que entraron en profundas crisis económicas y sociales luego de la caída del muro no generaron masivas reacciones nostálgicas del socialismo. Fueron fenómenos notoriamente minoritarios y sin una estructura política de importancia que recogiera esta herencia.
El gran fracaso del socialismo fue un fracaso cultural y sus consecuencias son políticas. Incluso esa palabra que aparentemente lo resuelve y lo explica todo: burocracia, no es una consecuencia sólo ni principalmente económica, sino esencialmente política. Fueron sistemas que durante los momentos de máxima tensión, en especial durante las guerras civiles o nacionales, funcionaron y que fueron carcomiéndose durante la paz.
Las grandes estructuras políticas, los partidos que fueron diseñados para ocupar un lugar dominante y central en cada uno de los países, las formas institucionales que se correspondieron con una visión de la sociedad y del Estado y los mecanismos de control monopólico de la comunicación, la información y la educación, fracasaron estrepitosamente.
Fracasaron porque no dieron cuenta de la complejidad, de las tensiones, de las necesidades de participación, de libertad, de ciudadanía de sus sociedades. Fracasaron porque quisieron adaptar y dibujar los límites de esas sociedades a su diseño hegemónico administrado y administrativo. Dividir el fracaso entre los burócratas y los ciudadanos es también un artilugio cómodo, pero inútil. Los propios burócratas, la burocratización del poder, de las ideas, de la política son parte de la derrota cultural.
Un proyecto basado en el marxismo que originalmente proponía la lenta extinción del Estado, generó en todos los casos, estados omnipresentes y gigantescos, no sólo en la propiedad de los bienes de producción - totalmente estatizados - sino en el control de la vida cultural y social de esos países.
La burocratización de los partidos que supuestamente debían tener una función rectora de la revolución es la peor derrota de las ideas revolucionarias y la más evidente derrota cultural y política, suya consecuencia inevitable no podía ser otra que el derrumbe. Era sólo cuestión de tiempo.
La Perestroika y el Glasnost fueron intentos tardíos, superficiales, sin profundidad en el análisis y, sobre todo, sin una visión estratégica que en definitiva atacaron las consecuencias pero que no tenían posibilidades ni fuerzas para atacar las causas profundas. Si su objetivo era salvar algo del socialismo cometieron errores muy profundos en el manejo político y en el juego de las fuerzas. Esta afirmación parece ser común a la mayoría de los procesos renovadores, en los países y en los partidos.
En países donde la fuerza, la coerción, el concepto y la práctica del uso del poder tenía una base tan arraigada - hasta por su propia historia nacional - las reacciones de los aparatos del Estado fueron débiles y barridas por la sociedad y por la propia gente. Es que la gangrena, el descontento era muy profundo, pero también –es justo reconocerlo - la crisis de identidad, las contradicciones violentas entre una prédica de izquierda, una visión popular había penetrado hondo en los propios aparatos del poder, y cuando estos factores entraron en crisis paralizaron todo. Y estuvo bien. La peor tragedia hubiera sido la respuesta militar, auto invasiones militares correctivas del Pacto de Varsovia ya no funcionaban, había entrado en crisis el propio centro del sistema: la URSS.
El marxismo leninismo fue una base teórica para una práctica política; el gran impulso de Lenin fue la conquista del poder, su ejercicio y la forja de los instrumentos partidarios y estatales para ejercerlo. Fue una revolución, no de las ideas – como Marx – sino de las sociedades. Esta relación entre teoría y práctica es indivisible en la propia identidad de los partidos comunistas, con éxitos y con derrotas, con diferentes capacidades y resultados. La crisis y la respuesta a la crisis debía ser integral y no existieron las capacidades, la masa crítica intelectual, cultural, la elaboración en el terreno de la economía, de las ciencias sociales y de la política para dar respuesta a la profundidad de la crisis. Ya no existían las capacidades y los muchos años de paralización y de uso y abuso del poder, de la fuerza y de la gestión administrativa incluso de las ideas hipotecaron toda alternativa.
Del otro lado hay que asumir que el capitalismo incorporó a través de sus propias crisis una capacidad de flexibilidad y adaptación mucho mayor. ¿Cuál fue la causa? Una sola: el funcionamiento de la democracia, la oposición de ideas y de posiciones, de partidos, entre los que debemos incluir los propios partidos comunistas. Por el contrario, los sistemas monolíticos demostraron su debilidad para atender tanto en el plano de las ideas, de la economía, de la cultura y de la política la complejidad de las sociedades. Sirvieron para la guerra o para la guerra civil y se gangrenaron en la paz.
Lénin y el stalinismo
¿Cuánto de esa concepción sobre el Estado y el partido único tiene que ver con el stalinismo y con Stalin? Me resisto a creer que un solo hombre haya sido capaz de desviar de manera tan atroz las prácticas y los valores del socialismo, de la libertad, de los derechos humanos. No fue sólo por miedo o por complicidad con el poder que miles y decenas de miles de cuadros comunistas soviéticos fueron ejecutores de purgas, de gulags, de matanzas de sus propios compañeros “disidentes”. Civiles, militares, científicos, médicos, campesinos y muchas decenas de militantes comunistas fueron perseguidos y asesinados. Pero también fueron perseguidores o cómplices silenciosos. Un fenómeno poco analizado.
Releyendo el Estado y la revolución de Lenin y toda la polémica con Rosa Luxemburgo sobre el partido único y la libertad, creo que no alcanza con esas pocas palabras contra Stalin pronunciadas por Lenin antes de su muerte criticándolo por su carácter grosero con sus compañeros para explicar algo tan monstruoso y tan complejo a la vez llamado generosamente “el culto a la personalidad”. Algo en el propio sistema ya estaba muy mal y se devoró a si mismo y a los valores originales del socialismo. Y sobre esto tenía razón Rosa Luxemburgo, con todo lo que esto implica en el análisis histórico sobre el socialismo.
El papel de la URSS y de Stalin en la segunda guerra mundial no puede ni debe ocultar un análisis completo y complejo de todo el fenómeno. ¿Por qué los nazis llegaron hasta las puertas de Moscú y hasta el Volga si existían las fuerzas económicas, militares y espirituales para derrotar al nazismo, ya antes de iniciarse la guerra?
Los 20 millones de muertos son un tributo enorme, el mayor precio pagado por un pueblo a la derrota de la barbarie nazi, pero son también parte de la tragedia de una política exterior sin principios y con enormes errores de antes de la guerra. Aciertos y compromisos justos de la URSS en la ayuda a España republicana abandonada por la complicidad de la No-intervención de Europa y Estados Unidos. Pero la guerra contra Finlandia, la anexión de una parte de Polonia y el pacto Molotov-Ribbentrop y toda la especulación y los errores en el manejo de la información sobre la inminente invasión nazi a la URSS son responsabilidades que no pueden ocultarse por el gran sacrificio, por las genialidades militares de los generales soviéticos, incluso por la capacidad de mando de Stalin o por el heroísmo del pueblo soviético.
Después la derrota del proyecto reformista y de apertura de Jruchov vino la interminable era de Brechnev con el férreo control total del Estado y de la economía, la paralización teórica y la creciente burocratización de la vida social y cultural de ese inmenso y denso grupo de países acentuó la decadencia, la apatía y la sorda resistencia. No la vimos sólo los que teníamos una visión tan sesgada que no queríamos verla. La paralización política y espiritual de la URSS era abrumadora. El penúltimo intento de Andropov no logró derrotar ni frenar esa decadencia. Chernenko fue la expresión máxima de una burocracia que movía todos los hilos del poder, incluso para elegir a una momia.
El proceso de resistencia y decadencia había comenzado mucho antes, en las llamadas “democracias populares”. La fractura entre las sociedades de estos países y en particular la intelectualidad y los partidos comunistas y los gobiernos no fueron una sucesión de episodios – como creíamos y explicábamos – fueron manifestaciones virulentas de una crisis sorda que iba creciendo y se hacía incontenible. Cada crisis tenía causas circunstanciales diversas, pero analizadas ahora, eran parte de un mismo proceso. Estábamos perdiendo estrepitosamente la batalla política y cultural. Checoslovaquia, Polonia y finalmente la RDA fueron los últimos peldaños de esa escalera descendente.
Una pregunta muy incómoda
Considerándolo desde una visión progresista de la historia, es decir de que la propia historia es capaz de apuntar en los tiempos largos hacia el progreso ¿la caída fue negativa o se podía haber reformado y superado la paralización y el retroceso?
El fracaso estrepitoso de la Perestroika como intento reformista y renovador del socialismo en la URSS es una pista para buscar respuestas. El modelo de control estatal total de la economía, de la sociedad, de la ciudadanía, de la vida cultural de un país no tiene retoques, no los admite. En las crisis que se produjeron en otros países sólo la intervención de tropas extranjeras o de auténticos golpes de estado como en Checoslovaquia o Polonia frenaron el desbarranque. Cuando eso no funcionó, en la RDA y en la propia URSS, todo es mundo se vino abajo.
Y lo estrepitoso fue que se vino abajo prácticamente sin resistencia alguna, derrumbando inclusive un aparato poderoso y omnipresente y sobre todo muchos mitos sobre la adhesión ciudadana a esos regímenes. Otra perversidad fue la indefención de la sociedad civil frente al capitalismo salvaje que se impuso y donde muchos de los jerarcas del partido y del gobierno pasaron a ocupar posiciones dominantes en la nueva estructura económica capitalista salvaje.
No es tampoco casual. Esas sociedades no tenían ningún tejido de experiencias de acción desde la sociedad civil, desde sindicatos auténticos, desde organizaciones sociales representativas. Y el capital fue mucho más veloz en reclutar cuadros y apetitos voraces que la sociedad en democratizarse. Una democratización muchas veces todavía pendiente.
Estos elementos diseñan un cuadro sobre la situación de esas sociedades. La reacción política en algunos países determinó a lo largo de estos 16 años que triunfaran en las elecciones partidos socialistas o socialdemócratas o con influencias de los viejos partidos comunistas totalmente reformados en cuanto a sus proyectos y sus bases políticas e ideológicas. Corrieron suertes alternas. Lo que si es claro que los nostálgicos del viejo sistema no representaron en ningún caso - ni siquiera en la URSS - sectores política, social y culturalmente importantes. Casi nadie propone volver al sistema anterior, a pesar de que en muchos casos las consecuencias sociales del cambio fueron realmente desoladoras para la población.
La pérdida de conquistas sociales innegables del socialismo, los amplios sectores que han quedado marginados, y la drástica reducción del nivel de vida de la población no han logrado en ningún caso expresarse políticamente. Incluso en países donde el concepto y la práctica de la libertad y el ejercicio de la democracia son primarios y básicos. Esta incapacidad política y cultural incluso en medio de particulares situaciones “objetivas” es una de nuestras peores derrotas.
La reacción más virulenta no sólo en el socialismo sino en los propios partidos comunistas, fue contra el centralismo democrático, es decir contra el conjunto de normas, pero sobre todo de prácticas y de tradiciones en el funcionamiento de los propios partidos y su sustento teórico-político. Y esa es una gran derrota, porque en definitiva sin instrumentos políticos organizados no hay cambios posibles y profundos. La crisis de los partidos comunistas sin alternativas ni proyectos de renovación, más bien como reacciones es un precio enorme que estamos pagando. Y la nostalgia en este terreno no tiene ningún futuro.
¿Qué debería ser el socialismo?
La mejor definición del socialismo es breve y contundente y es de Marx: el socialismo debería ser una sociedad de cooperativistas cultos. Imaginar una evolución libertaria, democrática y llena de vitalidad cultural e intelectual a partir de aquellos modelos “reales” era imposible, ni con la más frondosa imaginación. Cuando se pierde la credibilidad social a esos niveles y la gangrena de la burocracia penetra tan hondo, cuando se construye una pirámide social tan inflexible y llena de privilegios, los cambios son imposibles dentro del sistema.
La burocracia no era sólo un aparato hipertrofiado y privilegiado era un estado del alma que contaminaba toda la sociedad, que alteraba los valores, las prioridades y ni que hablar el pensamiento. La burocracia es una de las barreras más poderosas contra el cambio, todos los cambios. El socialismo “real” había entronizado la burocracia como el árbitro supremo del partido, de la sociedad y de la economía. La burocracia no es sólo – como algunos nos quieren mostrar – una enfermedad del socialismo real, también en el capitalismo vive y lucha, pero para el socialismo fue fatal.
La burocracia y su apropiación de los principales resortes del poder político en los países de Europa del este fue un proceso que no puede disociarse de la estructura económica. Esta larga cita de Marx tiene que ver con el capitalismo, pero perfectamente puede aplicarse a las relaciones creadas en el socialismo “real” y tienen mucho que decirnos sobre el futuro.
“ (...) Si la burguesía "mantiene la injusticia en las relaciones de propiedad" políticamente, es decir, por medio del poder del Estado, no quiere decir que la cree. "La injusticia en las relaciones de propiedad" condicionada por la moderna división del trabajo, por la forma moderna del cambio, por la competencia, la concentración, etc. no brota ni mucho menos del poder político de la clase burguesa, sino que, por el contrario, es el poder político de clase burguesa el que brota de estas modernas relaciones de producción, que los economistas burgueses proclaman como leyes necesarias y eternas.
Por tanto, si el proletariado derroca el poder político de la burguesía, su victoria no pasaría de ser pasajera, sería solamente un cambio al servicio de la misma revolución burguesa, como lo fue en el año 1794, mientras la historia misma, en su desarrollo, en su "movimiento", no se encargue de crear las condiciones materiales que hagan necesaria la abolición del modo de producción burgués y, por tanto y a la par con ello, el derrocamiento definitivo del poder político de la burguesía.
De ahí que el régimen del Terror sólo sirviese, en Francia, para echar por tierra con sus formidables mazazos las supervivencias feudales, borrándolas como por encanto del suelo francés. La medrosa y prudente burguesía francesa habría necesitado décadas enteras para realizar esta labor. La acción sangrienta del pueblo no hizo más que allanarle el camino. Y tampoco el derrocamiento de la monarquía absoluta habría pasado de ser algo puramente momentáneo si las condiciones económicas no hubieran estado todavía maduras para la implantación del poder de la burguesía.
Los hombres no erigen un mundo nuevo a base de los "bienes terrenales", como se empeña en creer supersticiosamente el palurdo, sino partiendo de las conquistas históricas del mundo que fenece. Necesitan, ante todo, producir ellos mismos, en el curso de su desarrollo, las condiciones materiales para una nueva sociedad, sin que haya intención, por esforzada que sea, ni fuerza de voluntad capaces de eximirlos de esa necesidad." Carlos Marx - Deutsche-Brüsseler-Zeitung (Periódico Alemán de Bruselas) - 11 de noviembre de 1847. Puntualizaciones.
La derrota fue muy profunda, no sólo en la geografía política del planeta, sino en algo mucho más importante: en la fuerza de las ideas del socialismo, de su mensaje de libertad y de justicia y su sentido del progreso y evolución de las sociedades humanas.
No hay fatalidad ni determinismo económico y menos político que imponga el socialismo o cualquier otro sistema, como muy bien lo afirma Marx. Cualquier sistema será sometido a la prueba inexorable de su superioridad económica y su supremacía cultural y a sus cada día más complejas relaciones.
La teoría de un “fin de la historia” impuesto por el fin de las contradicciones de clase y un estadio idílico de las sociedades, se ha demostrado totalmente anti histórico y negador de uno de los propios valores fundacionales del socialismo: el progreso. Esto también es válido para los que creen que el capitalismo será eterno y que es el último destino de la evolución de las sociedades. Otro fin de la historia.
Maquiavelo escribió, en los orígenes de la modernidad, que la única forma de llegar al paraíso, si la hubiera, es conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlos. Al menos sabemos un camino seguro que conduce al infierno, los caminos del paraíso están en construcción y el propio paraíso está en permanente y profunda reforma y discusión.
Fuente: www.rebelion.org
El socialismo, las democracias populares y el socialismo federal yugoslavo, cayeron casi simultáneamente. Existían notorias diferencias entre ellos, pero similitudes de fondo. Cayó la Unión Soviética y todos los países que la integraban, cayó Polonia, la República Democrática Alemana, Bulgaria, Rumania, Checoslovaquia, Albania, Hungría y Yugoslavia. La URSS se fraccionó en diversas repúblicas, lo mismo ocurrió con Yugoslavia y Checoslovaquia. A pesar de que la URSS incluía repúblicas asiáticas es notorio que el nacimiento y la dirección nacional se situaba en Europa, en Rusia.
Algunos lo llaman el “socialismo real”, otros “el mal llamado socialismo real” pero hay una afirmación que es incuestionable, el derrumbe fue un fenómeno esencialmente europeo, con consecuencias directas en los países africanos (ex colonias europeas) donde existían gobiernos nacionalistas, con fuerte influencia socialista. No queda ninguno o los que quedan son irreconocibles.
Nadie puede afirmar que estaban regidos por un único centro: la Unión Soviética. Había países alineados con la URSS, pero ni Yugoslavia, ni Albania compartían en absoluto sus posiciones, incluso Rumania mantuvo en los últimos años una posición discrepante, distante del resto de los países del Pacto de Varsovia y se aproximó al euro comunismo.
Los países que todavía se llaman al socialismo “real” son actualmente China, Vietnam, Cuba y Corea del Norte. Todos diferentes en su modelo económico y con profundas diferencias también en sus posiciones políticas.
Sobre la caída de los países socialistas en Europa se ha escrito mucho, nosotros aportaremos un granito de arena; muchas más preguntas que respuestas. ¿Se cayeron por causas económicas, por una creciente contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas? No.
En ninguno de los casos se produjeron graves crisis económicas, hambrunas, carestías, inflaciones explosivas, ni nada conexo ni anexo. Aunque las causas económicas estuvieron sin duda presentes, éste no fue el factor fundamental, ni el factor desencadenante. Una de las paradojas es que el país que registraba los mejores niveles de crecimiento y desarrollo entre los países socialistas - la RDA - fue donde se prendió la última mecha que luego implosionó todo el sistema.
La caída del muro la asumimos todos como el derrumbe del sistema; en realidad, todo comenzó a tambalearse cuando se construyó el muro. El de cemento pero sobre todo los otros muros.
Cayó por causas políticas
Las causas del desmoronamiento fueron políticas. El socialismo en Europa se derrumbó por graves y sucesivas crisis políticas que no fue capaz de afrontar, que desmoronaron el sistema y que mucho tenían que ver con la contradicción creciente entre sus valores originales y su realidad social y política, en el momento del derrumbe. La base de esas crisis políticas generalizadas que surcaron todos los países a pesar de las diferencias antes mencionadas, fueron el fracaso cultural y la derrota cultural frente a las ideas del capitalismo, el otro polo de la fractura planetaria y continental.
Las sociedades socialistas de Europa entraron en crisis porque sus ciudadanos ya no creían en el socialismo y consideraban - en forma confusa y muchas veces contradictoria - que el “otro” sistema, el capitalismo que gobernaba el resto del continente y del mundo, era mejor. Aún con todos los matices y las diferencias y particularidades nacionales, si no se asume esta realidad no puede entenderse todo el proceso posterior, ni siquiera la actualidad en esos países.
Si no se asume e incorpora esta realidad no se puede entender cómo países que entraron en profundas crisis económicas y sociales luego de la caída del muro no generaron masivas reacciones nostálgicas del socialismo. Fueron fenómenos notoriamente minoritarios y sin una estructura política de importancia que recogiera esta herencia.
El gran fracaso del socialismo fue un fracaso cultural y sus consecuencias son políticas. Incluso esa palabra que aparentemente lo resuelve y lo explica todo: burocracia, no es una consecuencia sólo ni principalmente económica, sino esencialmente política. Fueron sistemas que durante los momentos de máxima tensión, en especial durante las guerras civiles o nacionales, funcionaron y que fueron carcomiéndose durante la paz.
Las grandes estructuras políticas, los partidos que fueron diseñados para ocupar un lugar dominante y central en cada uno de los países, las formas institucionales que se correspondieron con una visión de la sociedad y del Estado y los mecanismos de control monopólico de la comunicación, la información y la educación, fracasaron estrepitosamente.
Fracasaron porque no dieron cuenta de la complejidad, de las tensiones, de las necesidades de participación, de libertad, de ciudadanía de sus sociedades. Fracasaron porque quisieron adaptar y dibujar los límites de esas sociedades a su diseño hegemónico administrado y administrativo. Dividir el fracaso entre los burócratas y los ciudadanos es también un artilugio cómodo, pero inútil. Los propios burócratas, la burocratización del poder, de las ideas, de la política son parte de la derrota cultural.
Un proyecto basado en el marxismo que originalmente proponía la lenta extinción del Estado, generó en todos los casos, estados omnipresentes y gigantescos, no sólo en la propiedad de los bienes de producción - totalmente estatizados - sino en el control de la vida cultural y social de esos países.
La burocratización de los partidos que supuestamente debían tener una función rectora de la revolución es la peor derrota de las ideas revolucionarias y la más evidente derrota cultural y política, suya consecuencia inevitable no podía ser otra que el derrumbe. Era sólo cuestión de tiempo.
La Perestroika y el Glasnost fueron intentos tardíos, superficiales, sin profundidad en el análisis y, sobre todo, sin una visión estratégica que en definitiva atacaron las consecuencias pero que no tenían posibilidades ni fuerzas para atacar las causas profundas. Si su objetivo era salvar algo del socialismo cometieron errores muy profundos en el manejo político y en el juego de las fuerzas. Esta afirmación parece ser común a la mayoría de los procesos renovadores, en los países y en los partidos.
En países donde la fuerza, la coerción, el concepto y la práctica del uso del poder tenía una base tan arraigada - hasta por su propia historia nacional - las reacciones de los aparatos del Estado fueron débiles y barridas por la sociedad y por la propia gente. Es que la gangrena, el descontento era muy profundo, pero también –es justo reconocerlo - la crisis de identidad, las contradicciones violentas entre una prédica de izquierda, una visión popular había penetrado hondo en los propios aparatos del poder, y cuando estos factores entraron en crisis paralizaron todo. Y estuvo bien. La peor tragedia hubiera sido la respuesta militar, auto invasiones militares correctivas del Pacto de Varsovia ya no funcionaban, había entrado en crisis el propio centro del sistema: la URSS.
El marxismo leninismo fue una base teórica para una práctica política; el gran impulso de Lenin fue la conquista del poder, su ejercicio y la forja de los instrumentos partidarios y estatales para ejercerlo. Fue una revolución, no de las ideas – como Marx – sino de las sociedades. Esta relación entre teoría y práctica es indivisible en la propia identidad de los partidos comunistas, con éxitos y con derrotas, con diferentes capacidades y resultados. La crisis y la respuesta a la crisis debía ser integral y no existieron las capacidades, la masa crítica intelectual, cultural, la elaboración en el terreno de la economía, de las ciencias sociales y de la política para dar respuesta a la profundidad de la crisis. Ya no existían las capacidades y los muchos años de paralización y de uso y abuso del poder, de la fuerza y de la gestión administrativa incluso de las ideas hipotecaron toda alternativa.
Del otro lado hay que asumir que el capitalismo incorporó a través de sus propias crisis una capacidad de flexibilidad y adaptación mucho mayor. ¿Cuál fue la causa? Una sola: el funcionamiento de la democracia, la oposición de ideas y de posiciones, de partidos, entre los que debemos incluir los propios partidos comunistas. Por el contrario, los sistemas monolíticos demostraron su debilidad para atender tanto en el plano de las ideas, de la economía, de la cultura y de la política la complejidad de las sociedades. Sirvieron para la guerra o para la guerra civil y se gangrenaron en la paz.
Lénin y el stalinismo
¿Cuánto de esa concepción sobre el Estado y el partido único tiene que ver con el stalinismo y con Stalin? Me resisto a creer que un solo hombre haya sido capaz de desviar de manera tan atroz las prácticas y los valores del socialismo, de la libertad, de los derechos humanos. No fue sólo por miedo o por complicidad con el poder que miles y decenas de miles de cuadros comunistas soviéticos fueron ejecutores de purgas, de gulags, de matanzas de sus propios compañeros “disidentes”. Civiles, militares, científicos, médicos, campesinos y muchas decenas de militantes comunistas fueron perseguidos y asesinados. Pero también fueron perseguidores o cómplices silenciosos. Un fenómeno poco analizado.
Releyendo el Estado y la revolución de Lenin y toda la polémica con Rosa Luxemburgo sobre el partido único y la libertad, creo que no alcanza con esas pocas palabras contra Stalin pronunciadas por Lenin antes de su muerte criticándolo por su carácter grosero con sus compañeros para explicar algo tan monstruoso y tan complejo a la vez llamado generosamente “el culto a la personalidad”. Algo en el propio sistema ya estaba muy mal y se devoró a si mismo y a los valores originales del socialismo. Y sobre esto tenía razón Rosa Luxemburgo, con todo lo que esto implica en el análisis histórico sobre el socialismo.
El papel de la URSS y de Stalin en la segunda guerra mundial no puede ni debe ocultar un análisis completo y complejo de todo el fenómeno. ¿Por qué los nazis llegaron hasta las puertas de Moscú y hasta el Volga si existían las fuerzas económicas, militares y espirituales para derrotar al nazismo, ya antes de iniciarse la guerra?
Los 20 millones de muertos son un tributo enorme, el mayor precio pagado por un pueblo a la derrota de la barbarie nazi, pero son también parte de la tragedia de una política exterior sin principios y con enormes errores de antes de la guerra. Aciertos y compromisos justos de la URSS en la ayuda a España republicana abandonada por la complicidad de la No-intervención de Europa y Estados Unidos. Pero la guerra contra Finlandia, la anexión de una parte de Polonia y el pacto Molotov-Ribbentrop y toda la especulación y los errores en el manejo de la información sobre la inminente invasión nazi a la URSS son responsabilidades que no pueden ocultarse por el gran sacrificio, por las genialidades militares de los generales soviéticos, incluso por la capacidad de mando de Stalin o por el heroísmo del pueblo soviético.
Después la derrota del proyecto reformista y de apertura de Jruchov vino la interminable era de Brechnev con el férreo control total del Estado y de la economía, la paralización teórica y la creciente burocratización de la vida social y cultural de ese inmenso y denso grupo de países acentuó la decadencia, la apatía y la sorda resistencia. No la vimos sólo los que teníamos una visión tan sesgada que no queríamos verla. La paralización política y espiritual de la URSS era abrumadora. El penúltimo intento de Andropov no logró derrotar ni frenar esa decadencia. Chernenko fue la expresión máxima de una burocracia que movía todos los hilos del poder, incluso para elegir a una momia.
El proceso de resistencia y decadencia había comenzado mucho antes, en las llamadas “democracias populares”. La fractura entre las sociedades de estos países y en particular la intelectualidad y los partidos comunistas y los gobiernos no fueron una sucesión de episodios – como creíamos y explicábamos – fueron manifestaciones virulentas de una crisis sorda que iba creciendo y se hacía incontenible. Cada crisis tenía causas circunstanciales diversas, pero analizadas ahora, eran parte de un mismo proceso. Estábamos perdiendo estrepitosamente la batalla política y cultural. Checoslovaquia, Polonia y finalmente la RDA fueron los últimos peldaños de esa escalera descendente.
Una pregunta muy incómoda
Considerándolo desde una visión progresista de la historia, es decir de que la propia historia es capaz de apuntar en los tiempos largos hacia el progreso ¿la caída fue negativa o se podía haber reformado y superado la paralización y el retroceso?
El fracaso estrepitoso de la Perestroika como intento reformista y renovador del socialismo en la URSS es una pista para buscar respuestas. El modelo de control estatal total de la economía, de la sociedad, de la ciudadanía, de la vida cultural de un país no tiene retoques, no los admite. En las crisis que se produjeron en otros países sólo la intervención de tropas extranjeras o de auténticos golpes de estado como en Checoslovaquia o Polonia frenaron el desbarranque. Cuando eso no funcionó, en la RDA y en la propia URSS, todo es mundo se vino abajo.
Y lo estrepitoso fue que se vino abajo prácticamente sin resistencia alguna, derrumbando inclusive un aparato poderoso y omnipresente y sobre todo muchos mitos sobre la adhesión ciudadana a esos regímenes. Otra perversidad fue la indefención de la sociedad civil frente al capitalismo salvaje que se impuso y donde muchos de los jerarcas del partido y del gobierno pasaron a ocupar posiciones dominantes en la nueva estructura económica capitalista salvaje.
No es tampoco casual. Esas sociedades no tenían ningún tejido de experiencias de acción desde la sociedad civil, desde sindicatos auténticos, desde organizaciones sociales representativas. Y el capital fue mucho más veloz en reclutar cuadros y apetitos voraces que la sociedad en democratizarse. Una democratización muchas veces todavía pendiente.
Estos elementos diseñan un cuadro sobre la situación de esas sociedades. La reacción política en algunos países determinó a lo largo de estos 16 años que triunfaran en las elecciones partidos socialistas o socialdemócratas o con influencias de los viejos partidos comunistas totalmente reformados en cuanto a sus proyectos y sus bases políticas e ideológicas. Corrieron suertes alternas. Lo que si es claro que los nostálgicos del viejo sistema no representaron en ningún caso - ni siquiera en la URSS - sectores política, social y culturalmente importantes. Casi nadie propone volver al sistema anterior, a pesar de que en muchos casos las consecuencias sociales del cambio fueron realmente desoladoras para la población.
La pérdida de conquistas sociales innegables del socialismo, los amplios sectores que han quedado marginados, y la drástica reducción del nivel de vida de la población no han logrado en ningún caso expresarse políticamente. Incluso en países donde el concepto y la práctica de la libertad y el ejercicio de la democracia son primarios y básicos. Esta incapacidad política y cultural incluso en medio de particulares situaciones “objetivas” es una de nuestras peores derrotas.
La reacción más virulenta no sólo en el socialismo sino en los propios partidos comunistas, fue contra el centralismo democrático, es decir contra el conjunto de normas, pero sobre todo de prácticas y de tradiciones en el funcionamiento de los propios partidos y su sustento teórico-político. Y esa es una gran derrota, porque en definitiva sin instrumentos políticos organizados no hay cambios posibles y profundos. La crisis de los partidos comunistas sin alternativas ni proyectos de renovación, más bien como reacciones es un precio enorme que estamos pagando. Y la nostalgia en este terreno no tiene ningún futuro.
¿Qué debería ser el socialismo?
La mejor definición del socialismo es breve y contundente y es de Marx: el socialismo debería ser una sociedad de cooperativistas cultos. Imaginar una evolución libertaria, democrática y llena de vitalidad cultural e intelectual a partir de aquellos modelos “reales” era imposible, ni con la más frondosa imaginación. Cuando se pierde la credibilidad social a esos niveles y la gangrena de la burocracia penetra tan hondo, cuando se construye una pirámide social tan inflexible y llena de privilegios, los cambios son imposibles dentro del sistema.
La burocracia no era sólo un aparato hipertrofiado y privilegiado era un estado del alma que contaminaba toda la sociedad, que alteraba los valores, las prioridades y ni que hablar el pensamiento. La burocracia es una de las barreras más poderosas contra el cambio, todos los cambios. El socialismo “real” había entronizado la burocracia como el árbitro supremo del partido, de la sociedad y de la economía. La burocracia no es sólo – como algunos nos quieren mostrar – una enfermedad del socialismo real, también en el capitalismo vive y lucha, pero para el socialismo fue fatal.
La burocracia y su apropiación de los principales resortes del poder político en los países de Europa del este fue un proceso que no puede disociarse de la estructura económica. Esta larga cita de Marx tiene que ver con el capitalismo, pero perfectamente puede aplicarse a las relaciones creadas en el socialismo “real” y tienen mucho que decirnos sobre el futuro.
“ (...) Si la burguesía "mantiene la injusticia en las relaciones de propiedad" políticamente, es decir, por medio del poder del Estado, no quiere decir que la cree. "La injusticia en las relaciones de propiedad" condicionada por la moderna división del trabajo, por la forma moderna del cambio, por la competencia, la concentración, etc. no brota ni mucho menos del poder político de la clase burguesa, sino que, por el contrario, es el poder político de clase burguesa el que brota de estas modernas relaciones de producción, que los economistas burgueses proclaman como leyes necesarias y eternas.
Por tanto, si el proletariado derroca el poder político de la burguesía, su victoria no pasaría de ser pasajera, sería solamente un cambio al servicio de la misma revolución burguesa, como lo fue en el año 1794, mientras la historia misma, en su desarrollo, en su "movimiento", no se encargue de crear las condiciones materiales que hagan necesaria la abolición del modo de producción burgués y, por tanto y a la par con ello, el derrocamiento definitivo del poder político de la burguesía.
De ahí que el régimen del Terror sólo sirviese, en Francia, para echar por tierra con sus formidables mazazos las supervivencias feudales, borrándolas como por encanto del suelo francés. La medrosa y prudente burguesía francesa habría necesitado décadas enteras para realizar esta labor. La acción sangrienta del pueblo no hizo más que allanarle el camino. Y tampoco el derrocamiento de la monarquía absoluta habría pasado de ser algo puramente momentáneo si las condiciones económicas no hubieran estado todavía maduras para la implantación del poder de la burguesía.
Los hombres no erigen un mundo nuevo a base de los "bienes terrenales", como se empeña en creer supersticiosamente el palurdo, sino partiendo de las conquistas históricas del mundo que fenece. Necesitan, ante todo, producir ellos mismos, en el curso de su desarrollo, las condiciones materiales para una nueva sociedad, sin que haya intención, por esforzada que sea, ni fuerza de voluntad capaces de eximirlos de esa necesidad." Carlos Marx - Deutsche-Brüsseler-Zeitung (Periódico Alemán de Bruselas) - 11 de noviembre de 1847. Puntualizaciones.
La derrota fue muy profunda, no sólo en la geografía política del planeta, sino en algo mucho más importante: en la fuerza de las ideas del socialismo, de su mensaje de libertad y de justicia y su sentido del progreso y evolución de las sociedades humanas.
No hay fatalidad ni determinismo económico y menos político que imponga el socialismo o cualquier otro sistema, como muy bien lo afirma Marx. Cualquier sistema será sometido a la prueba inexorable de su superioridad económica y su supremacía cultural y a sus cada día más complejas relaciones.
La teoría de un “fin de la historia” impuesto por el fin de las contradicciones de clase y un estadio idílico de las sociedades, se ha demostrado totalmente anti histórico y negador de uno de los propios valores fundacionales del socialismo: el progreso. Esto también es válido para los que creen que el capitalismo será eterno y que es el último destino de la evolución de las sociedades. Otro fin de la historia.
Maquiavelo escribió, en los orígenes de la modernidad, que la única forma de llegar al paraíso, si la hubiera, es conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlos. Al menos sabemos un camino seguro que conduce al infierno, los caminos del paraíso están en construcción y el propio paraíso está en permanente y profunda reforma y discusión.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Biografía de los hermanos Graco


Tiberio Graco
Tribuno de la plebe. Desde este cargo quiso solucionar el problema agrario y mejorar la desastrosa situación del campesinado itálico, implantando una serie de leyes que no fueron muy bien recibidas por la mayoría del Senado.
Desde el final de la Segunda Guerra Púnica se había expandido por toda la Península Itálica el gran latifundio, y la mayor parte de las mejores tierras se concentraron en pocas manos Los hombres que habían servido en los ejércitos durante muchos años no se reincorporaban al agro. Los campos abandonados eran vendidos a bajo precio a la oligarquía senatorial de Roma, que era la única que podía comprarlos, convirtiéndose así ésta en grandes latifundistas; al mismo tiempo esta plutocracia era la única que podía explotar todas las tierras confiscadas por el Estado romano a los partidarios de Aníbal en Italia.
Simultáneamente, la pequeña explotación agrícola dejó de ser rentable. Con la anexión a Roma de tierras muy fértiles, como Sicilia y el sur de Hispania, comenzaron a llegar a Italia grandes cantidades de cereales. En segundo lugar, se cayó en la cuenta de que era más rentable trabajar los latifundios con esclavos que con mano de obra asalariada y libre, que además, por las continuas guerras, escaseaba y era más cara que los esclavos, a los que sólo había que vestir y alimentar pobremente. El gran latifundio trajo consigo la aparición de un numeroso proletariado campesino, en paro forzoso y hambriento, que se refugió en Roma y en las grandes ciudades itálicas en busca de solucionar su desastrosa situación económica.
La lex agraria de Tiberio Graco pretendía el reparto de tierra procedente del ager publicus entre los ciudadanos más pobres. Para convertir el proyecto en realidad contaba con el apoyo de una fáctico senatorial en la que figuraba, entre otros, Apio Claudio Pulcro , Publio Mucio Escévola y Publio Licinio Craso Dives Muciano (cuya hija estaba casada con su hermano Cayo). Este círculo era contrario al que encabezaba Escipión Emiliano (al que también unían vínculos familiares, pues Escipión estaba casado con Sempronia, hermana de Tiberio y de Cayo). La ley agraria de Tiberi era bien poca cosa: pretendía limitar a 500 iugera el máximo de tierra estatal por possesor de esta forma se establecía que la tierra restante debía ser devuelta para proceder a su reparto en lotes de 30 iugera (7'5 Ha.) como máximo, en las que debían asentarse cíudadanos sin tierras -en calidad de colonos a perpetuidad- mediante el pago de una simbólica contribución.
Eran propuestas razonables y plenamente coherentes con las leyes Licinias aprobadas dos siglos antes, pero Tiberio cometió el error de conducir el proyecto desde una postura de demagogia y radicalidad, una actuación populista y callejera que contrastaba con su posición social y su refinado estilo de vida. Según Plutarco, los ricos y los latifundistas, mirando por codicia y con encono a la ley y por ira y temor de su autor, trataban de seducir al pueblo, haciéndole creer que Tiberio quería introducir el repartimiento de tierras con la mira de mandar al gobierno y de trastornarlo todo.
La ley encontró un oponente legal en la persona de un tribuno de la plebe, Marco Octavio, pariente amigo íntimo de Graco, que, por tener grandes posesiones de tierras y a instancia de los latifundistas, vetó a la propuesta de Tiberio, con lo que se desechó la ley, que no podía ser sujeta a votación con el voto de un tribuno en contra. Luego murió en el curso de un motín junto a un grupo de unos 300 partidarios que estaban a su favor.
Cayo Graco
Hijo de Tiberio Sempronio Graco y Cornelia, hermano de Tiberio Sempronio Graco y Sempronia, el joven Cayo Graco recibió una esmerada educación bajo la influencia de su madre y el griego Menelao de Marathe, destacando sobre todo por sus cualidades oratorias, que el propio Cicerón destaca.
Inició su carrera política sirviendo como Tribunus Militum, durante la Guerra contra Numancia, a las órdenes de su pariente, y más tarde enemigo, Publio Cornelio Escipión Emiliano, al tiempo que su hermano Tiberio. Sempronio Graco desempeñaba el puesto de Tribuno de la Plebe, desarrollando las medidas de reforma agraria. Durante el asedió de Numancia, su hermano lo llamó para formar parte de la comisión de reparto de tierras. Luego fue elegido miembro de la comisión agraria, cargo que ejercería hasta su muerte. Ese mismo año Tiberio moría cerca del Capitolio en una confrontación armada con los conservadores dirigidos por su primo Publio Cornelio Escipión Nasica Serapio. A los 22 años, Cayo Sempronio Graco se convirtió en heredero político de su hermano y propietario del inmenso patrimonio de los Graco.
Cayo fue nombrado cuestor del cónsul Lucio Aurelio Orestes en Cerdeña, isla en la que permanecería como procuestor. Las acusaciones - formuladas contra él por la oposición senatorial- por su mala gestión durante su magistratura así como por instigar a la rebelión en la colonia de Fregellae, resultaron completamente inútiles. Tiempo después fue elegido Tribuno de la Plebe y continuó los proyectos que Tiberio no pudo llevar a cabo.
Entre sus primeros proyectos de ley destacan:
- La lex ab actis por la cual un magistrado destituido por el pueblo quedaba excluido para investir cualquier otra magistratura, en un intento de mejorar las condiciones de la acción tribunicia contra la voluntad de la mayoría senatorial.
- La lex de capite civis (también conocida como lex Sempronia de provocatione propuso llevar a juicio a quien hubiese hecho ajusticiar a ciudadanos sin habérseles permitido apelar al pueblo (el caso de su hermano).
- La lex ne quis iudicío circunveniatur, muy relacionada con la anterior, preveía el encarcelamiento de todo magistrado que interfiriese para lograr la condena de un inocente.
Sus tres grandes leyes, votadas fueron sin duda la ley agraria, por la que se volvía a dotar a la comisión triunviral de sus poderes jurídicos, la ley frumentaria que obligaba al Estado a vender a la población romana cereal a un precio uniforme y bajo y una ley judicial, por desgracia mal conocida, que abolía la lex Calpurnia y ordenaba el reclutamiento de los jueces de los tribunales sólo entre ciudadanos que no perteneciesen al orden senatoria.
La oligarquía senatorial, impotente ante la transformación en leyes de estos proyectos, encontró finalmente momento y el medio de deshacerse de un tribuno tan peligroso para sus intereses. Cuando Cayo Graco se encontraba en Cartago fundando en sus proximidades la colonia de Junonia, el tribuno de la plebe Marco Livio Druso, colaborador de la oposición, presentó una serie de proyectos demagógicos -irrealizables en su mayoría- que logró no sólo enrarecer el ambiente político al regreso de Cayo, sino minar muy considerablemente su popularidad.
La Rogatio Sempronia de sociis et nomine Latino, que proponía la ciudadanía a los aliados latinos y el derecho de sufragio a los itálicos fue su último proyecto y desencadenó una violenta oposición senatorial. En el mismo año, cuando se iba a discutir la Rogatio Minucia, Cayo preparaba su tercera elección como tribuno de la plebe, junto con Marco Fulvio Flaco. Sin embargo, perdieron la elección, y antes que resignarse a ver su programa político detenido por la oposición conservadora, trataron de imponerse por medio de la violencia.
El Senado decretó por primera vez un senatus consultum ultimum que otorgaba poderes extraordinarios a los cónsules Quinto Fabio Máximo y Lucio Opimio para contener los disturbios y restablecer el orden. Flaco y Graco fueron declarados enemigos de la República: el primero murió junto con sus hijos y el segundo huyó con su esclavo Filócrates, al cual ordenó que le matara cuando se encontraban escondidos en el bosque de Furrina, en las laderas del Janículo, una colina situada en la ribera oeste del río Tíber.
Cayo Graco sólo tuvo una hija de su matrimonio con Licinia Crasa. Esta mujer, Sempronia, heredera de la cuantiosísima fortuna de los Gracchi.
Tribuno de la plebe: Era un cargo de la antigua república romana que era elegido por los ciudadanos que componían la plebe.
Cuestor: jueces encargados de los casos de asesinato y de insurrección o alta traición.
Biografía de Julio Cesar

(Cayo Julio César) Militar y político cuya dictadura puso fin a la República en Roma (Roma, 100 - 44 a. C.). Procedente de una de las más antiguas familias del patriciado romano, los Julios, Cayo Julio César fue educado esmeradamente con maestros griegos.
Julio César pasó una juventud disipada, en la que empezó muy pronto a acercarse al partido político «popular», al cual le unía su relación familiar con Mario. Se ganó el apoyo de la plebe subvencionando fiestas y obras públicas. Y fue acrecentando su prestigio en los diferentes cargos que ocupó: cuestor (69), edil (65), gran pontífice (63), pretor (62) y propretor de la Hispania Ulterior (61-60).
De regreso a Roma, Julio César consiguió un gran éxito político al reconciliar a los dos líderes rivales, Craso y Pompeyo, a los que unió consigo mismo mediante un acuerdo privado para repartirse el poder formando un triunvirato y así oponerse a los optimates que dominaban el Senado (60).
Al año siguiente, César fue elegido cónsul (59); y las medidas que adoptó vinieron a acrecentar su popularidad: repartió lotes de tierra entre veteranos y parados, aumentó los controles sobre los gobernadores provinciales y dio publicidad a las discusiones del Senado. Pero la ambición política de César iba más allá y, buscando la base para obtener un poder personal absoluto, se hizo conceder por cinco años -del 58 al 51- el control de varias provincias (Galia Cisalpina, Narbonense e Iliria).
El triunvirato fue fortalecido por el Convenio de Luca (56), que aseguraba ventajas para cada uno de sus componentes; pero respondía a un equilibrio inestable, que habría de evolucionar hacia la concentración del poder en una sola mano. Craso murió durante una expedición contra los partos (53) y la rivalidad entre César y Pompeyo no encontró freno una vez muerta Julia, la hija de aquél casada con éste (54).
Entretanto, César se había lanzado a la conquista del resto de las Galias, que no sólo completó, sino que aseguró lanzando dos expediciones a Britania y otras dos a Germania, cruzando el Rin. Con ello llegó a dominar un vasto territorio, que aportaba a Roma una obra comparable a la de Pompeyo en Oriente.
El prestigio y el poder alcanzados por César preocuparon a Pompeyo, elegido cónsul único en Roma en medio de una situación de caos por las luchas entre mercenarios (52). Conminado por el Senado a licenciar sus tropas, César prefirió enfrentarse a Pompeyo, a quien el Senado había confiado la defensa de la República como última esperanza de salvaguardar el orden oligárquico tradicional.
Tras pasar el río Rubicón -que marcaba el límite de su jurisdicción-, César inició una guerra civil de tres años (49-46) en la que resultó victorioso: conquistó primero Roma e Italia; luego invadió Hispania; y finalmente se dirigió a Oriente, en donde se había refugiado Pompeyo. Persiguiendo a éste, llegó a Egipto, en donde aprovechó para intervenir en una disputa sucesoria de la familia faraónica, tomando partido en favor de Cleopatra («Guerra Alejandrina», 48-47).
Asesinado Pompeyo en Egipto, César prosiguió la lucha contra sus partidarios. Primero hubo de vencer al rey del Ponto, Pharnaces, en la batalla de Zela (47), que definió con su famosa sentencia veni, vidi, vici («llegué, vi y vencí»); luego derrotó a los últimos pompeyistas que resistían en África (batalla de Tapso, 46) y a los propios hijos de Pompeyo en Hispania (batalla de Munda, cerca de Córdoba, 45). Vencedor en tan larga guerra civil, César acalló a los descontentos repartiendo dádivas y recompensas durante las celebraciones que organizó en Roma por la victoria.
Fuente: www.biografiasyvidas.com
lunes, 7 de noviembre de 2011
El morro de Arica

Coordenadas Geográficas: 18º28’49” Sur -70º19’25” Oeste
Es un cerro costero que tiene unos 130 m de altura, emplazado al sur de la ciudad de Arica, localizada en la XV Región de Arica y Parinacota. Es el mayor referente turístico, histórico y simbólico de la ciudad. Fue declarado Monumento Nacional el 6 de octubre de 1971 (La ley N° 17.288 de Monumentos Nacionales).
Entra en la historia de Chile durante la Guerra del Pacífico, el día 7 de junio de 1880 cuando se produce el desarrolló la batalla de Arica (Campaña de Tacna y Arica) entre las fuerzas chilenas y los defensores peruanos de las posiciones tanto en el morro, como es otros sectores para evitar el avance de las tropas con dirección a la capital peruana. La batalla da inicio a las 7 horas y 45 minutos, luego de 55 minutos de lucha los soldados instalaron la bandera en el mástil de la cima del morro. Para conmemorar el valor y heroísmo de los soldados que combatieron en esta contienda, el Ejército de Chile instituyó este día como "El Día de Las Glorias de la Infantería".
a)Las tropas chilenas: La conformaban 4 mil soldados, comandados por el Coronel Pedro Lagos Marchant, quienes se encontraban apoyados por la Escuadra Nacional, con las embarcaciones "Cochrane", "Magallanes", "Covadonga" y "Loa".
b)Las tropas peruanas: Se encontraban al mando del Coronel Francisco Bolognesi, y disponían de 2 mil 100 hombres y la tripulación del blindado "Manco Capac", dominando una posición virtualmente infranqueable.
En esta batalla destacan frase, como la del Coronel Francisco Bolognesi como negativa de rendición antes de la batalla, donde contesta al enviado chileno con la siguiente frase "resistiremos hasta el último cartucho". También destaca la frase que se da en el fragor de la batalla alguien gritó: "¡Al morro muchachos!" se desconoce la identidad de soldado pero la consecuencias de tal hecho son que las tropas, olvidando las instrucciones recibidas, se precipitó a asaltar al bastión más poderoso y mejor defendido de las fuerzas peruanas, denominado Cerro Gordo, en la cima del Morro.
Quedando después de la batalla en posesión del Ejercito de Chile, y bajo la administración de Chile.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Crisis de la República Romana
Este periodo de la historia romana se caracteriza principalmente por los hechos y acontecimientos que van dando forma al periodo de finalización y caída del orden republicano, aparecen personajes como los hermanos Tiberio y Cayo Graco, y los generales Silas y Mario. que serán actores de este teatro histórico. dando paso posteriormente a la entrada del gran Julio César.
Causas:
-Pérdida de moralidad e integridad de la aristocracia: Se pierden los valores republicanos, principalmente por la búsqueda del poder, la corrupción y la mantención de los privilegios de la clase patricia.
- El enfrentamiento de las clases sociales: entre los miembros del Partidos Senatorial y los miembros del Partido Popular. Entre estos últimos destacó Tiberio Graco, llega a tribuno de la plebe (133 a. C.), era líder del Partido Popular, quién fue asesinado por proponer leyes que afectaban a la clase senatorial, por ejemplo, la ley de reforma agraria que buscaba limitar la extensión de los grandes latifundios y entregar tierras al proletariado.
- Posteriormente llega al poder como tribuno Cayo Graco (10 años después) replanteando la idea de su hermano y agregando la Ley Frumentaria, que establecía el reparto gratuito de trigo a los ciudadanos más necesitados. Su postura es rechazada y terminan siendo asesinado (121 a. C.).
- La gradual esclavitud y desaparición de los campesinos: Producto de la expansión territorial se produce el empobrecimiento de los campesinos, su endeudamiento y perdida de las tierras a manos de los patricios. Se trasladan a las ciudades en busca de oportunidades laborales, pero el aumento significativo de esclavos producto de las conquistas los obliga a formar parte del proletariado.
-Problemas en las fronteras y los territorios conquistados: Se hacía difícil mantener las posiciones romanas, en algunos reinos de Oriente pasaban a la ofensiva, los piratas amenazaban el Mar Mediterráneo, los itálicos exigían ser ciudadanos y una sublevación de esclavos sacudía la península.
-Para enfrentar estos problemas se hizo habitual conceder mandos extraordinarios a algunos generales del ejército que así, aumentaron su poder con el apoyo de las legiones.
Desde la capital de Chile..reactivando el blog
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Se inicia un nuevo periodo de entrega de información que va con un anueva etapa familiar y laboral en el gran Santiago de la Nueva Extremadura
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